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"Ellos esperan el bus": conductor cabrerino dedica su sueldo y sus viajes al rescate de animales

por Jeremy Valenzuela Quiroz

Sin pertenecer a ninguna organización, un vecino de Cabrero ha logrado articular una red social que hoy suma 19.000 seguidores. Su labor va más allá de dar comida a los animales en el camino: paga veterinarios, hospitalizaciones y conduce cientos de kilómetros extra para llevar personalmente a las mascotas con sus nuevas familias.

""Ellos esperan el bus": conductor cabrerino dedica su sueldo y sus viajes al rescate de animales / Diario La Tribuna

A sus 46 años, Luis Martínez Álamos, cabrerino de corazón, lleva más de la mitad de su vida arriba de un bus. Comenzó a trabajar como conductor a los 23 y, desde entonces, ha recorrido prácticamente todo Chile.

Durante sus primeros años en el rubro, sus principales rutas fueron hacia el norte. Sin embargo, desde hace cinco años se desempeña en el tramo local entre Concepción y Los Ángeles. Vive en Cabrero y realiza al menos tres viajes diarios, que lo mantienen gran parte del día en carretera.

Pero su historia no se relaciona solo con conducir. En cada jornada, junto con su documentación y sus pertenencias personales, hay elementos que nunca faltan: un saco de alimento para perros, bidones con agua fresca y potes listos para servir.

Son parte de una rutina que comenzó hace más de 10 años, cuando decidió pasar de la simple preocupación por los animales abandonados a una acción concreta y sostenida en el tiempo.

"Siempre he sido amante de los animales", comenta. En un inicio, su ayuda consistía en dejar comida y agua en sectores donde veía perros deambulando: terminales, áreas de servicio y puntos específicos de la carretera.

Con el tiempo, la realidad lo enfrentó a escenas más complejas: perritas preñadas a la orilla del camino, cachorros expuestos al tránsito vehicular y animales atropellados o con fracturas visibles. Ahí entendió que había casos que necesitaban más ayuda.

PARADAS BREVES Y UNA CONVICCIÓN FUERTE

Durante sus recorridos entre Cabrero, Los Ángeles y Concepción, Luis ha identificado ciertos lugares donde sabe que encontrará perros. No se trata de detener el bus de manera imprudente ni a cada momento. Son puntos específicos donde puede parar con seguridad.

El procedimiento es rápido: baja, sirve alimento, agua limpia y retoma la ruta. Según su testimonio, no le toma "más de dos minutos".

"Hay lugares donde ya saben que paso. Es como si esperaran el bus", relata.

Lejos de generar conflictos, Martínez asegura que los pasajeros han reaccionado con empatía. En más de una ocasión ha recibido palabras de ánimo y reconocimiento. "Hasta ahora nadie se ha quejado. Al contrario, me dicen que es bonito lo que hago", cuenta.

DE LA AYUDA AL RESCATE

Con los años, la ayuda se fue ampliando. Actualmente, no se dedica solo a alimentar, sino que también rescata y mantiene a la gran mayoría de los perros bajo su cuidado en refugios pagados en Los Ángeles, costos que asume de su bolsillo y con el apoyo de personas que lo siguen en redes sociales.

Cada rescate implica exámenes, tratamientos, medicamentos, vacunas y, muchas veces, hospitalizaciones. "Los gastos veterinarios son más caros que los de una persona", reconoce.

Por eso insiste en la importancia de la colaboración. A través de su perfil de Facebook —que ya suma cerca de 19.600 seguidores— publica cada caso y cada boleta. "Transparencia es igual a confianza", señala, convencido de que ese principio ha sido clave para sostener su labor.

EL LADO TRISTE

Entre los casos que más lo han marcado están los rescates de perros adultos mayores. Relata que ha salvado al menos cuatro o cinco "abuelitos" en condiciones extremas.

Animales que llegan desnutridos, enfermos y sin esperanza, pero que tras recibir cuidados se estabilizan, comen bien y parecen recuperar la vitalidad. Sin embargo, el desenlace suele ser inevitable.

"Es como en las personas: tienen un momento de lucidez, se recuperan, pero después empiezan a decaer y parten", explica. Esa es, dice, la parte más dura de todo el proceso.

KILÓMETROS POR UNA ADOPCIÓN

Su compromiso no termina al encontrar un adoptante. Si la familia está lejos, viaja. Sin importar cuán larga sea la distancia.

Así ocurrió con un cachorro rescatado con parvovirus, que estuvo al borde de la muerte. Tras costear su tratamiento y hasta una estancia adicional en la clínica porque no podía ingresar de inmediato a un refugio, apareció una única familia interesada en Coquimbo.

Luis verificó sus antecedentes y, una vez seguro, tomó la decisión: condujo desde Los Ángeles hasta la región de Coquimbo para entregarlo personalmente. Hoy recibe fotos y videos del perro, ya adulto, corriendo por la playa y feliz con su nueva familia.

En los próximos días repetirá la experiencia, esta vez rumbo a Castro, en Chiloé, para dejar una perrita que permanecía en un hotel pagado sin que nadie en la zona quisiera adoptarla. "Para mí la distancia no es impedimento", afirma.

Actualmente tiene más de 15 perros en adopción, todos en refugios pagados. Realiza las averiguaciones necesarias antes de cada entrega, asegurándose de que las condiciones sean adecuadas.

A pesar del alcance que ha logrado en redes sociales, Luis no pertenece a ninguna agrupación, fundación ni ONG. Tampoco tiene intenciones de formalizar su labor bajo una estructura institucional. "Si alguien quiere ayudar, bienvenido. Pero yo sigo solo", afirma.

Entre curvas, peajes y terminales, Luis Martínez ha convertido su jornada laboral en una red de auxilio que se extiende por kilómetros.

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