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La Tribuna

Meningitis meningocócica: caso confirmado en colegio de Los Ángeles reabre alerta por sus riesgos

por María José Villagran Barra

La bacteria se transmite mediante secreciones respiratorias y puede provocar cuadros graves si no se recibe tratamiento oportuno. Académica llamó a consultar ante síntomas como fiebre alta, dolor de cabeza intenso y rigidez de nuca.

La bacteria puede producir dos cuadros clínicos: la meningitis meningocócica propiamente tal, y la meningococcemia. / CONTEXTO / Freepik

La confirmación de un caso de meningitis meningocócica en un menor de edad perteneciente a un establecimiento educacional de Los Ángeles motivó la activación de los protocolos epidemiológicos de la autoridad sanitaria y volvió a poner atención sobre una enfermedad infecciosa que puede evolucionar de manera fulminante.

El caso fue confirmado la semana pasada y derivó en la suspensión de clases durante los días miércoles, jueves y viernes y abrió una investigación por parte de la Seremi de Salud que permitiera identificar a los contactos estrechos del menor y adoptar las medidas preventivas correspondientes.

Asimismo, efectuaron el bloqueo epidemiológico mediante la administración de antibióticos preventivos a las personas identificadas como contactos, además de entregar educación sanitaria a las familias del curso involucrado.

La directora de Tecnología Médica de la Universidad Andrés Bello (UNAB), Alejandra Soto, explicó sus principales características, vías de transmisión y síntomas de alerta, enfatizando que una consulta oportuna puede ser determinante para evitar consecuencias graves.

UNA ENFERMEDAD DE RÁPIDA EVOLUCIÓN

Más allá de las medidas adoptadas en el establecimiento y por la Autoridad Sanitaria, la confirmación del caso puso de relieve la importancia de reconocer oportunamente los síntomas de esta infección.

Según explicó la académica, la meningitis meningocócica es provocada por la bacteria Neisseria meningitidis, también conocida como meningococo, que puede permanecer en la nariz y garganta de personas sanas sin provocarles necesariamente una enfermedad.

La especialista precisó que esta bacteria puede producir dos cuadros clínicos: la meningitis meningocócica propiamente tal, que afecta las membranas que recubren el cerebro y la médula espinal, y la meningococcemia, una infección de la sangre que puede desencadenar una sepsis grave y comprometer rápidamente la vida del paciente.

"Es una de las enfermedades infecciosas que evolucionan más rápido. Una persona puede pasar de estar sana a estar en estado crítico en menos de 24 horas, y en las formas fulminantes en apenas unas horas".

Directora de Tecnología Médica de la Universidad Andrés Bello (UNAB), Alejandra Soto.

En ese sentido, uno de los principales riesgos es que las primeras manifestaciones pueden confundirse con una enfermedad viral común. Fiebre, malestar general, vómitos y dolor de cabeza pueden aparecer inicialmente, pero la progresión puede ser acelerada.

Por ello, Soto recalcó que no se debe esperar a que aparezcan las manchas características en la piel para acudir a un centro asistencial. Entre las señales de alarma mencionó la fiebre alta, el decaimiento marcado, el dolor de cabeza intenso, las náuseas, los vómitos y la rigidez de nuca. También llamó a prestar atención a manchas de color rojo vinoso o morado que no desaparecen al presionarlas.

En lactantes y niños pequeños, agregó, las manifestaciones pueden incluir irritabilidad, llanto persistente, somnolencia, rechazo de los alimentos, fiebre y vómitos.

TRANSMISIÓN Y PREVENCIÓN

Respecto de las formas de contagio, la académica explicó que la bacteria se transmite mediante gotitas y secreciones de nariz y garganta, principalmente al toser, estornudar, besar o compartir utensilios que tienen contacto con la boca.

Sin embargo, aclaró que no se transmite con la misma facilidad que un resfrío ni por cualquier contacto casual. Los principales riesgos están asociados a la convivencia o permanencia prolongada en espacios cerrados con una persona infectada. Se consideran contactos estrechos quienes viven o duermen con el enfermo o comparten cinco horas o más en un recinto cerrado, aunque cada situación debe ser evaluada por los equipos de salud.

En estos casos, el tratamiento antibiótico preventivo resulta fundamental y debe administrarse idealmente dentro de las primeras 24 horas desde la notificación.

Finalmente, Soto destacó que la vacunación constituye la principal herramienta de protección y recordó la importancia de revisar los esquemas de inmunización, especialmente en niños. El Programa Nacional de Inmunizaciones contempla vacunas contra los serogrupos meningocócicos B y ACWY.

A ello se suman medidas cotidianas como el lavado frecuente de manos, cubrirse al toser o estornudar, evitar compartir botellas, bombillas y cubiertos, y mantener una adecuada ventilación de los espacios cerrados.

La especialista insistió en que la rapidez para reconocer los síntomas y buscar atención médica puede marcar una diferencia decisiva frente a una infección que, en sus formas más graves, puede comprometer la vida en cuestión de horas.

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