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Vecinos denuncian reiterados robos y ocupaciones irregulares en la ribera del estero Paillihue

por Jeremy Valenzuela Quiroz

Residentes de los sectores Parque Nativo y Jardines de la República aseguran que los desalojos son ineficaces y que los rucos vuelven a levantarse en pocas horas. La comunidad alerta sobre la existencia de siete cruces artesanales de madera que facilitan la huida de delincuentes y el tráfico de sustancias.

Vecinos denuncian reiterados robos y ocupaciones irregulares en la ribera del estero Paillihue / Diario La Tribuna

Lo que hasta hace algunos años era considerado un "barrio tranquilo" en los sectores Parque Nativo y Jardines de la República, hoy —según relatan sus propios residentes— se ha transformado en un foco permanente de inseguridad y preocupación por el recurrente asentamiento de personas en situación de calle en la orilla del estero Paillihue.

Específicamente en las inmediaciones de las calles Antonio Varas con María Auxiliadora, vecinos aseguran convivir desde hace al menos dos años con la instalación intermitente de rucos en la ribera del río, situación que —afirman— ha derivado en robos, consumo y eventual tráfico de drogas, amenazas y episodios de violencia que los propios vecinos han tenido que contener.

OCUPACIÓN RECURRENTE

"Atrás de mi casa hasta hace algunos días había una toma. Fueron desalojados, pero no se van, solo se corren o vuelven a los pocos días", relata Allan Little, vecino del sector.

Según explica, tras cada desalojo las personas se reubican en el mismo sitio o a escasos metros, manteniendo su presencia en el parque y sus alrededores. Dicha situación, relata, se ha extendido "por años".

Actualmente —según indica el vecino— el punto de ocupación más recurrente se ubica cerca de la multicancha del parque. "Siempre hay alguien alojando ahí. Cuando se van, llega otro", comenta.

PASOS CLANDESTINOS Y SENSACIÓN DE IMPUNIDAD

Uno de los aspectos que más inquieta a los residentes es la existencia de pasos irregulares sobre el río. De acuerdo con Little, serían al menos siete cruces construidos con troncos los que permiten conectar rápidamente el sector con el otro lado del estero.

"Los tipos roban y arrancan por el parque. Cruzan por el río. Yo las conté: son siete pasadas", afirma. Incluso señala que en algún momento habrían tenido un bote para desplazarse.

A su juicio, la geografía del lugar facilita la huida y la ocultación. "Esa parte está abandonada y corresponde a la continuidad del parque. Ahí se esconden", dice.

El vecino asegura que en el día a día se registran incivilidades como consumo y tráfico de drogas. "Llegan vehículos al lugar, consumen drogas y encienden fogatas en medio de la noche a la orilla del río", denuncia.

ROBOS REITERADOS A VIVIENDAS

La preocupación vecinal se intensificó esta semana luego de un intento de robo en una vivienda del sector. Lorena Gajardo, quien arrienda hace cuatro años en el barrio, relató uno de los tantos robos que han sufrido los vecinos del sector durante los últimos meses.

El hecho ocurrió el lunes a las 00:30 horas, cuando una madre e hija se encontraban solas en el domicilio.

"Sentí un ruido en el baño y la ventana había quedado entreabierta. Mi hija fue a ver y se encontró con un tipo dentro", cuenta.

"Cerramos la puerta y la sujetamos mientras forcejeábamos para que no entrara. Yo gritaba que carabineros ya estaban aquí. Fue todo en segundos. Después se escapó por la misma ventana y pasó por los techos hacia otras casas", relata.

El personal policial llegó rápidamente tras el aviso de los vecinos, pero el sujeto logró huir.

"Es terrorífico. Uno nunca piensa que va a vivir algo así", reconoce. A su juicio, el autor conocía la dinámica de la casa. "Yo normalmente estoy sola. Estos tipos saben cuándo no hay movimiento", puntualizó.

Gajardo asegura que no es un hecho aislado. "En esta misma calle han robado varias veces. Al negocio de al lado ya se han metido más de una vez. A otros vecinos también", indica.

A los delitos se suma la presencia de perros que acompañan a quienes se instalan en los rucos. "Andan con perros que atacan. Yo fui testigo de que mordieron a una vecina", afirma Gajardo.

Little coincide: "Son perros asilvestrados. Han mordido gente".

UN CAMBIO EN LA VIDA DEL SECTOR

La consecuencia, dicen, es un cambio radical en la vida cotidiana. "Antes uno podía salir con los niños al parque. Era un lugar bonito. Ahora ya no se puede", señala Little.

El vecino admite que su rutina se ha visto alterada. "No tengo un sueño profundo. Me quedo despierto hasta las tres o cuatro de la mañana. Mi perro ladra y yo salgo a mirar", relata.

Los residentes aseguran haber presentado reclamos formales ante el municipio, tanto por la ocupación irregular como por problemas asociados al entorno.

INTERVENCIONES MUNICIPALES

Consultado al respecto, el exdirector de Seguridad Pública, Juan Pablo Parra —a cargo de operativos en el sector durante los últimos meses— confirmó que se han realizado desalojos y limpiezas.

"Ante los reiterados llamados de los vecinos fuimos a desalojar y limpiar el lugar. Eso lo hicimos en varias oportunidades. Constantemente hicimos desalojo y limpieza de los lugares que están ocupando las personas en situación de calle", indicó.

Para los vecinos, el problema radica en que las intervenciones no logran ser permanentes. "Los sacan en la mañana y en la tarde ya están instalados de nuevo", resume Gajardo.

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