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La desconocida historia del combate de El Avellano

El 10 de diciembre de 1819 – hace 202 años – se produjo un combate entre fuerzas patriotas y tropas realistas en el sector norte de Los Ángeles. Un triunfo de las montoneras leales al Rey de España habría retrasado la independencia nacional.


 Por Juvenal Rivera

10, HBB, Batalla de Maipú, 1818

El sector El Avellano, que se encuentra situado en la entrada norte de la ciudad de Los Ángeles, se caracteriza por su importante crecimiento inmobiliario en las últimas dos décadas.

Miles de viviendas se han edificado en estos años recientes, principalmente para familias de sectores medios, lo que sitúa a esa zona como una de las más pujantes en la capital provincial en materia habitacional.

Su crecimiento está relacionado con el fin de las operaciones del aeródromo El Avellano que, dicho sea de paso, fue la primera terminal aérea que funcionó en Los Ángeles. Los primeros aviones comerciales arribaron a esa zona durante la década del 40 hasta que sus falencias de seguridad de fines de los 50 lo restringieron a naves de menor tamaño.

Sin embargo, mucho antes que en esa zona de la ciudad aterrizaran aviones o tuviese ese desenfrenado desarrollo inmobiliario, fue escenario de una de las batallas fundamentales en la etapa final de la Patria Nueva.

Sin embargo, la bibliografía al respecto es escasa y, como suele suceder, es un episodio prácticamente desconocido a nivel local, casi tanto como lo fue la toma de la villa de Los Ángeles por Bernardo O’Higgins, allá por mayo de 1813.

El denominado combate de El Avellano ocurrió hace justamente 202 años y un día (10 de diciembre de 1819), en el marco de la llamada Guerra a Muerte que enfrentó a las montoneras que permanecían leales a la Corona Española con los patriotas chilenos.

Por esos años, en el territorio de la frontera comandaba el experimentado coronel Pedro Andrés del Alcázar, de 68 años, nacido en el fuerte San Diego de Alcalá en Tucapel, reconocido en la historia como uno de los militares más distinguidos del ejército chileno.

Alcázar, a quien en su homenaje una avenida y un desaparecido hotel llevan su nombre, vería el final de sus días en septiembre de 1820 al ser engañado mientras intentaba salvar a la población local de las tropas irregulares que eran leales al Rey de España.

Eran años convulsos para la villa de Los Ángeles. Las montoneras realistas, al mando del sargento Vicente Benavides, asediaron a la población en cuatro ocasiones, aunque sin resultados positivos.

Es que Los Ángeles era una plaza estratégica, considerada desde su fundación como “la llave de la frontera”, debido a que su control permitía tener un absoluto dominio del territorio fronterizo en la Isla de la Laja y al sur del río Biobío. De lo contrario, la consolidación de la independencia chilena se habría dilatado mucho más.

LA BATALLA

Los hechos de fines de 1819 se precipitaron con rapidez. El 8 de diciembre, y luego de atacar el fuerte de Yumbel, Benavides perseveró por quinta vez contra Los Ángeles, acampando el día 9 a orillas del estero Rarinco, en la salida norte de la villa.

Por una coincidencia, el coronel Alcázar estaba cerca de ese lugar, en el sector El Avellano – actual salida norte de la ciudad – así, y en posesión de pocas fuerzas, creyendo que los realistas venían huyendo, cerca de las 10 de la mañana del día 10, les salió al encuentro con un puñado de milicianos.

El choque que se produjo fue brutal. Las montoneras eran superiores en número por lo que Alcázar no tuvo más opción que retroceder y a replegarse hasta la Plaza de Armas.

Gracias a los cañonazos disparados desde el fuerte, sumado al auxilio de un batallón de cazadores, el triunfo finalmente fue para los patriotas.

Los realistas huyeron hacia Santa Bárbara por el camino a Humán. De ese escape se capturó a Pedro López, también conocido como Pedro Sánchez, el lenguaraz, líder realista-mapuche y mano derecha de Benavides.

Alcázar le tenía un profundo desprecio, por lo que ordenó su ejecución, siendo ahorcado públicamente en la Plaza de Armas. Al año siguiente, y en venganza, en el Combate de Tarpellanca – ocurrido en las cercanías del puente Perales, a 20 km de Los Ángeles camino a Laja – el mariscal Alcázar moriría trágicamente por orden de Vicente Benavides, atado a un árbol y sometido a torturas y lanzazos.

Un último detalle. En esta acción bélica se distinguió por su valor el entonces subteniente de Cazadores, Manuel Bulnes. ¿Le suena? Posteriormente sería general y llegaría a la Presidencia de la República (1841-1851).

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