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La Tribuna
Columnista

Una flor por cada historia

Dra. Daniela López Carvajal

Cuidados Paliativos, Hospital de Los Ángeles

por Dra. Daniela López Carvajal

Hace 15 años que trabajo en Cuidados Paliativos. En este tiempo he conocido y acompañado muchas historias. Algunas han pasado fugaces frente a mis ojos; otras permanecen, después de años, en mi retina y en mi memoria. Cada historia pertenece a un paciente, pero también a un hijo, una madre, un amigo, una familia. Historias que muchas veces comienzan entrelazándose alrededor de una misma palabra: dolor.

Personas que consultaron buscando la causa de ese dolor y que, finalmente, fueron encaminadas por una trayectoria en la que aparecen el miedo, la impotencia y la frustración. Pero también la esperanza, la calidez, la compañía y el alivio. Tantas flores han pasado por nuestra Unidad de Cuidados Paliativos. Cada una nos ha dejado un color, un aroma, una semilla, un aprendizaje no solo en sus seres queridos, sino también en quienes hemos tenido el privilegio y la responsabilidad de acompañarlas.

Como equipo, cada día intentamos sostener con las herramientas que tenemos, con el conocimiento, con el corazón, con nuestra energía y con el deseo genuino de acompañar de la mejor manera posible. Y también sentimos el miedo, la frustración y el enojo cuando no logramos llegar a cada historia, cuando no podemos estar como quisiéramos con cada una de las flores que aparecen en nuestro camino. Y, especialmente, cuando pensamos en aquellas que no alcanzamos a conocer. Quizás por eso intentamos sembrar una semilla en cada colega, en cada profesional, en cada cuidador. Compartir lo que sabemos y, al mismo tiempo, aprender de quienes saben otras formas de acompañar.

¿Es suficiente? Nunca lo será. Siempre habrá algo más que podamos hacer. Una mano que sostener. Un abrazo que entregar. Y también está el silencio. Ese silencio que a veces resulta tan incómodo y detrás del cual pueden aparecer lágrimas, risas, miedo, rabia o, simplemente, la necesidad de que alguien permanezca ahí.

Pero ¿qué sería de las flores sin las lágrimas que las riegan, sin el sol que les da calor, sin la tierra que las nutre? No podemos pretender ser perfectos. No podemos pretender no equivocarnos. Lo que sí podemos hacer es esforzarnos cada día por hacerlo mejor, por crecer, aprender y seguir sembrando.

Porque acompañar y aliviar el dolor puede parecer, a veces, algo pequeño frente a la magnitud de una enfermedad. Pero aliviar puede significar que alguien vuelva a sentarse a almorzar con su familia. Que pueda dormir y que su familia duerma junto a él. Que logre asistir a esa reunión que esperaba, encontrarse con sus amigos, levantarse de la cama y decir:

"Hoy me siento mejor. Hoy me duele menos". Y si logramos eso, entonces hoy hicimos algo. Mañana intentaremos hacerlo mejor. Y seguiremos sembrando para llegar, algún día, a todos los jardines. En esta conmemoración de los Cuidados Paliativos, cuyo lema nos recuerda que "el tratamiento del dolor es una parte esencial de los cuidados", quisiera que recordáramos también que detrás de cada dolor existe una historia. Porque cuidar es aliviar, pero también es escuchar, acompañar y permanecer.

Una flor por cada historia. Una historia por cada vida que tuvimos el privilegio de acompañar.

Dra. Daniela López Carvajal, Cuidados Paliativos, Hospital de Los Ángeles

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