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Columnista

Salud mental: el bienestar no puede depender del silencio

Pedro R. Mondelo

Director Fundación Internacional ORP

por Pedro R. Mondelo

A menudo, lo que más daña la salud mental es tener que esconder lo que nos pasa. Podemos hablar de inteligencia artificial, productividad o futuro del trabajo, pero mientras una persona tema reconocer un problema psicológico por miedo a ser juzgada, estaremos construyendo organizaciones sobre una contradicción: exigir bienestar sin garantizar las condiciones para alcanzarlo.

Cada 10 de octubre, el Día Mundial de la Salud Mental nos recuerda que concientizar no es suficiente. Hace falta cambiar cómo entendemos la salud mental y cómo la cuidamos.

Según la Organización Mundial de la Salud, más de mil millones de personas viven con trastornos de salud mental en el mundo. En América Latina, solo una de cada cinco personas afectadas recibe tratamiento. Con estas cifras, tratar la salud mental como un asunto privado de cada persona ya no se sostiene: es un problema de salud pública.

El primer cambio debe ser cultural. El estigma convierte el sufrimiento en culpa, el diagnóstico en etiqueta y la búsqueda de ayuda en una señal de debilidad. El silencio se transforma así en una barrera adicional para acceder al tratamiento. Reducir la discriminación exige comprender que nadie debería ver comprometida su dignidad, sus oportunidades laborales o su desarrollo profesional por necesitar apoyo.

Hablar del tema ayuda, pero sirve de poco si no termina en una consulta. La concientización tiene que traducirse en acceso oportuno y equitativo a profesionales, tratamientos y redes de apoyo. Sin políticas públicas, inversión y servicios cercanos, el discurso del bienestar corre el riesgo de convertirse en una declaración vacía.

Pasamos buena parte de la vida trabajando, y es ahí donde este problema se juega cada día. Las organizaciones pueden proteger la salud mental o deteriorarla. Las exigencias desproporcionadas, la incertidumbre, el acoso, la falta de reconocimiento y las culturas que premian la disponibilidad permanente tienen consecuencias que no desaparecen al terminar la jornada laboral.

La Cultura 5Z de la Fundación Internacional ORP parte de una idea sencilla: una organización no puede ser excelente si descuida la salud de su gente. Zero Enfermedades incorpora la protección y la promoción de la salud física y mental; Zero Desigualdad y Zero Desconocimiento buscan entornos más inclusivos y mejor preparados. El propósito es que el cuidado de las personas forme parte de la gestión diaria, en vez de quedar como una iniciativa más de bienestar.

En América Latina, una cultura saludable no puede importarse como una receta. Debe construirse desde cada contexto, escuchando a las personas y cambiando lo que les hace daño.

La responsabilidad es compartida, pero no puede diluirse. Los Estados deben garantizar atención accesible; las empresas, prevenir riesgos psicosociales y ofrecer entornos seguros; las instituciones educativas, promover la formación y la detección temprana; y la sociedad, abandonar los prejuicios que todavía aíslan a quienes necesitan ayuda.

La salud mental se cuida a diario, mucho antes de que aparezca una crisis: en las relaciones, las decisiones de liderazgo, las condiciones laborales y la posibilidad de pedir ayuda sin temor.

Este 10 de octubre, más que hablar de salud mental, el reto es conseguir que nadie tenga que esconder su sufrimiento para conservar su lugar en la sociedad o en el trabajo.

En toda organización habrá personas que necesiten ayuda. Lo que distingue a las saludables es que se dan cuenta a tiempo y responden.

Pedro R. Mondelo

Director Fundación Internacional ORP

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