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Columnista

La conversación pendiente

Loreto Daza

Investigadora asociada de Faro UDD.

por Loreto Daza

Son las ocho de la mañana en un colegio de Los Ángeles, región del Biobío. Suena la campana. Los alumnos guardan el celular en la mochila, no porque quieran, sino porque la ley se lo exige. Después de clases, lo primero que hacen es sacarlo.

Scrollean. Instagram, TikTok, Facebook. La misma app que usa un adolescente de Ohio o de California, Estados Unidos.

Pero hay una diferencia. Y es grande.

Esta semana Meta, la empresa de Mark Zuckerberg, llegó a un acuerdo histórico con más de 40 estados norteamericanos. Pagará cerca de 17 mil millones de dólares, fondos que se usarán en programas estatales de salud mental para jóvenes y capacitación en seguridad digital. Meta se comprometió a rediseñar Instagram y Facebook para hacerlos menos adictivos entre los menores: límites de tiempo, alertas de uso, ajustes al algoritmo que hoy empuja a un niño de revisar contenido sin freno.

El acuerdo pone fin a la demanda más grande jamás enfrentada por una red social. Decenas de fiscales acusaron a Meta de diseñar sus plataformas para generar dependencia. De saberlo. Y de esconderlo.

Meta negó las acusaciones. Pero pagó, y prometió cambiar.

Hay un detalle que debe alarmarnos: ese compromiso rige solo en Estados Unidos.

Un adolescente en la región de Biobío o de cualquier rincón del país no recibirá ninguna de esas protecciones nuevas. Ni las alertas, ni los límites de tiempo, ni los ajustes al algoritmo. Usará exactamente la misma aplicación que hoy ha sido inspeccionada en Estados Unidos, sin cambios, sin plazos, sin promesas.

En Chile, la pelea se dio en otra trinchera. La ley que restringe el uso de celulares en las aulas, vigente desde 2024, obliga a guardar el teléfono durante la jornada escolar. Es una medida sobre el comportamiento. No sobre el producto.

Y los resultados son elocuentes. Los adolescentes chilenos pasan 45 horas semanales en redes sociales, el índice más alto de toda la OCDE, superando la media general de 35 horas y distanciándose drásticamente de países como Japón, desde la media alcanza las 26 horas. 

Pero nadie en Chile le exige a Meta que cambie el diseño de su plataforma.

Los psicólogos que atienden adolescentes en la provincia del Biobío lo ven todos los días: ansiedad, comparación constante, horas de sueño perdidas frente a una pantalla que fue construida, según los propios fiscales estadounidenses, para no soltar a quien la usa. Estudios nacionales confirman que el uso de redes gatilla directamente un 50% de estrés, un 40% de ansiedad y un 30% de depresión entre los usuarios encuestados.

La pregunta que queda abierta en nuestro país no es si Meta cambiará. Ya lo hizo, al otro lado del continente.

La pregunta es, con esos antecedentes, cómo protegemos a los jóvenes del país.

Loreto Daza, investigadora asociada de Faro UDD.

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