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La Tribuna
Columnista

Cuando las tradiciones también construyen comunidad

Juan Pablo Mellado

Delegado presidencial provincial de Bío Bío

por Juan Pablo Mellado

En tiempos donde la velocidad parece imponerse, sobre todo, las fiestas costumbristas siguen recordándonos que hay cosas que no pasan de moda. Compartir una mesa, reunirse en una plaza, escuchar música chilena, probar las recetas de siempre y conversar con quienes viven en la misma comuna son gestos sencillos, pero fundamentales para mantener viva nuestra identidad.

La reciente Fiesta del Estofado de Yumbel fue una muestra de ello. Más allá de la gastronomía, este tipo de encuentros representan una forma de entender la vida comunitaria. Son espacios donde las familias se reúnen, donde los niños conocen tradiciones que heredarán de sus padres y abuelos, y donde los emprendedores locales encuentran una vitrina para mostrar el fruto de su trabajo.

Muchas veces se habla de desarrollo únicamente desde la infraestructura o la economía. Sin embargo, una comunidad también crece cuando fortalece aquello que la hace única. Las costumbres, las celebraciones populares y el patrimonio cultural son parte de ese capital que no se mide en cifras, pero que genera sentido de pertenencia y cohesión social.

En una época marcada por la individualidad, estas fiestas invitan a mirarnos nuevamente como comunidad. Reúnen a personas de distintas edades, sectores e historias bajo un mismo propósito: celebrar lo que somos y de dónde venimos. Esa capacidad de encontrarnos, sin importar las diferencias, es quizás uno de sus mayores aportes.

También resulta valioso que las autoridades participen de estas actividades no solo desde el rol institucional, sino compartiendo con los vecinos en un ambiente familiar. La cercanía entre quienes ejercen funciones públicas y la ciudadanía fortalece la confianza y recuerda que el servicio público comienza precisamente escuchando y estando presente donde ocurren las cosas importantes.

Defender nuestras tradiciones no significa rechazar la modernidad. Al contrario, significa entender que un país puede avanzar en innovación, tecnología e infraestructura sin perder aquello que le da identidad. El progreso y las raíces no son conceptos opuestos; cuando se equilibran, permiten construir comunidades más fuertes, orgullosas de su historia y preparadas para enfrentar el futuro.

Chile posee una riqueza cultural enorme, y cada comuna aporta una historia distinta. Yumbel, con sus tradiciones y el orgullo de su gente, vuelve a demostrar que preservar nuestras costumbres no significa vivir anclados al pasado, sino proyectar hacia el futuro aquello que nos da identidad.

Porque las tradiciones no son una simple postal para el recuerdo. Son parte del alma de un país. Son la memoria viva de generaciones que transmitieron oficios, recetas, música, historias y valores que todavía hoy siguen reuniendo a las familias chilenas. Cuidarlas no es una tarea exclusiva de las instituciones; es una responsabilidad compartida entre autoridades, organizaciones y vecinos.

Mientras existan comunidades dispuestas a celebrar sus raíces, emprendedores que mantengan vivos los sabores de siempre y familias que encuentren en estas fiestas un espacio para reunirse, Chile conservará una de sus mayores fortalezas: una identidad que no se compra, que no se improvisa y que sigue construyéndose, año tras año, alrededor de nuestras tradiciones.

Juan Pablo Mellado, delegado presidencial provincial de Biobío.

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