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La Tribuna
Columnista

Los copuchentos

Mario Ríos Santander

por Mario Ríos Santander

Un conocido "copuchento" de la plaza, a propósito que razonaba en voz alta sobre algunos escritos míos en estos miércoles de La Tribuna, concluía que, "Mario Ríos escribe hartas cosas, algunas complicadas para la autoridad, pero nadie "lo pesca". Tal afirmación, absolutamente cierta, era en los hechos mucho más dramático, tanto para el "copuchento" como para mí mismo, porque los periodistas, a pesar de que ciertas denuncias u opiniones eran muy delicadas, tampoco demostraban interés alguno. En los hechos había dos mundos en el acontecer público, el que les interesaba a los autores de la noticia, incluyendo aquellos que expresaban ideas y situaciones diversas en columnas de opinión y el otro, el mundo más público, el que transformaba el o los hechos en un asunto de producto que repletaba las bodegas de la información periodística. Esta situación, que para los "copuchentos" era y es el ideal que les permite saborear el cuento de que a nadie interesa nada, permitió a las redes sociales que, en lo general, la prensa profesional no se mete porque, entre otras razones, se siente superado por los miles de comunicadores en los diversos canales de información, redes sociales, sin que ningún director de medio los esté pauteando. Esto que reconozco, debatible, permitió que muchos autores públicos nunca considerados por los medios tradicionales, simplemente crearan sus propios canales de información, algunos muy interesante, y la población termine considerándolos de mayor interés que la referida prensa profesional. Sin embargo, los actores de la prensa pública, han tenido paciencia al observar que esta abrumadora expresión periodística, lejos de sus quehaceres para lo cual fueron elegidos o nominados, en algún momento "cansarían" a sus oyentes o lectores debido a que efectivamente, la información sería exagerada, a veces poco creíble, y con una aparente falsedad.

Tales hechos, en efecto, motivaron que, en las últimas semanas, diversos políticos en cualquiera de los niveles rebajaran los minutos de YouTube. Sin embargo, era reemplazado por otro medio que, entre el drama de cumplir el prurito de sentirse presente ante electores, elevaron la voz y las odiosidades que tradicionalmente están presente en núcleos pequeños de este ámbito político, transformando de hecho, en una suerte de combate odioso lo que podría haber sido una interesante conversación.  

Nos referimos a las "sesiones televisadas" de las municipalidades. Es un asunto de amplio conocimiento que, si nos queremos entretener con algún combate de lenguas filosas, hay que conectarse con la sesión televisada de su respectiva comuna. Si bien es cierto, todas, dejan la sensación que el cuerpo de concejales se une espontáneamente para pegarle al alcalde que, entre otras consideraciones gana siete veces más que los concejales, además cuenta con auto y viajes permanente a Santiago y otros lugares del país. Los concejales por su parte no cuentan ni siquiera con oficina. Esta "televisación" municipal del Concejo, ha traído decenas de ataques y declaraciones que han terminado por desprestigiar aún más la política. Pero, logran alguna virtud personal, la población se informe de hechos que la prensa no los considera.

En los hechos, nos encontramos con otro mundo que nació hace poco tiempo. La democracia representativa desapareció, ahora hay visos de una democracia participativa. En realidad, esta última de la representación puede ser positiva si es que no se transmite todo y el líder tiene la palabra, pero en verdad, muchos actores han transformado esta televisación en una opción de odiosidades, mezquindades y aun algo más grave, mediocridad en el debate público.

Mario Ríos Santander

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