suscríbete al boletín diario

Opinión

Escuelas abiertas


 Por Alejandro Mege Valdebenito.

ALEJANDRO-MEGE

El impacto que ha tenido la pandemia del covid-19 en la educación presencial, remplazada por la educación virtual, ha contribuido fuertemente en lo que se ha llamado la “pobreza del aprendizaje”. Un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) de fines de marzo de este año da cuenta que cerca de 114 millones de niños de Latinoamérica no han ido a la escuela desde principios del año pasado, siendo el período más largo sin educación presencial en cualquier región del mundo, constituyéndose en “la peor crisis educativa de la región en su historia moderna”, afirma la directora regional de Unicef.

La preocupación de los padres por los efectos negativos que está teniendo en los alumnos la suspensión de clases presenciales los ha llevado a formar la agrupación “Escuelas Abiertas”, como ocurre en Argentina con la asociación “Padres Organizados”, los que ejercen una fuerte presión sobre las autoridades de ese país para que no se suspendan las clases presenciales como se habían autorizado, provocando una controversia entre el gobierno y las autoridades locales y una división entre los gremios docentes que apoyan la campaña o la rechazan. Situación que en nuestro país no es diferente.

En Chile, los padres que conforman, hasta el momento, “Escuelas Abiertas” en 5 ciudades, juntan adherentes para exigir que los colegios abran desde la fase 2 del plan “Paso a Paso” y cuentan en esta campaña con el apoyo de distintas fundaciones educativas, como Acción Educar. Ambos movimientos, el trasandino y el nacional, basan su petición en los perjudiciales efectos que tiene en los niños el confinamiento por la pandemia y la educación a distancia. Las múltiples evidencias que respaldan la apertura de las escuelas para la educación presencial “han mostrado que el impacto de la falta de presencialidad ha sido muy profundo y muy grave, en dimensiones que han afectado el desarrollo, bienestar y hasta la propia seguridad de niños, niñas y adolescentes”, afirma la Oficina Regional de Educación para América y el Caribe (Orelac) de la Unesco, integrante del Consejo asesor Paso a Paso Abramos las Escuelas.

Sobre las ventajas de la educación presencial sobre la telemática se han pronunciado sin opiniones discordantes especialistas de todas las áreas de la educación, la salud y las ciencias de la conducta humana y las experiencias de los padres lo han comprobado en sus propios hijos por el efecto negativo que tiene la educación a distancia que los niños reciben en sus hogares, produciendo un “mayor agobio de las familias, de las y los profesores y de los y las estudiantes”. Encuestas de “Cuidemos a Nuestros Niños” realizada a niños de hasta 11 años evidenció que el 74% presentaba problemas emocionales por falta de educación presencial la que permite que los niños aprendan de sus pares y sus habilidades cognitivas se enriquecen con la interacción con los otros, incluso con los miembros de sus familias. Se suma a lo anterior que no todos los niños han contado con posibilidades de conectarse a las clases online por carecer de computadores y conexiones a internet; solo un 29% de los alumnos de menores recursos pudo conectarse a clases, versus un 61% de los alumnos de mayores recursos que contaban con un computador propio.

Quise imaginarme como relataría esta situación uno de los alumnos que conozco, y con muchas licencias, escribí: “Sé muy bien del dolor de la pandemia /de la angustia y soledad de la cuarentena / que me mantiene lejos de mi escuela/ La puerta está cerrada/ la sala está vacía/ Dónde están mis compañeros / que solo veo sus rostros tristes/ pegados en el cuadrado de la pantalla fría / Dónde está mi profesora/ porqué no tengo las clases/ que antes tenía/ Porqué solo matemática y lenguaje / Dónde está la música y la poesía / Porqué aprender solo de miedos y no de esperanzas/ el valor de la amistad/ de la solidaridad y la belleza de la vida / No logro entender la tarea / mi maestra no puede responder siempre /está agotada con tanto trabajo en la lejanía/ sin poder atender las dudas de uno por uno/ Mis compañeros están distantes / mi padre se ha ido y no puede ayudarme / y mi madre no sabe de tecnología / Me hace falta el recreo / para disfrutar de sana compañía / reír a carcajadas con gran alegría/ contarnos anécdotas e inventar fantasías/ recibir el abrazo de mi amigo Matías/ el suave empujón que me daba Sofía / Compartir el pan que Luis trae cada día / y vivir la vida como antes vivía / El plan Paso a Paso, mantener la distancia y el aforo / usar alcohol gel y mascarilla / Si cumplo las normas /porqué no ir a la escuela / Si la pandemia no da tregua / no es culpa mía/ es de los mayores sin sintonía / Necesito estar con mis amigos / con mi profesora y el ambiente que crea / que forma personas, enseña materias y sabiduría / La clase se interrumpe de nuevo /Se corta el enlace, la pantalla se apaga/ los rostros desaparecen, se van todos/ no hay nada que hacer / termina la clase y no hay despedida / Y aquí estoy de nuevo solo y desalentado / olvidando lo poco que había aprendido.”

Especial Coronavirus

  • Compartir:

opinión

lo más leído

logo-ediciones-anterioes