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Opinión

A 200 años del último combate de Yumbel


 Por La Tribuna

Jaime Gacitúa Echeverría

Ni desprevenida ni espantada se encontraba la disminuida fuerza patriota que defendía Yumbel la mañana de aquel 9 de diciembre de 1819, hace ya 200 años, a la espera de un inminente ataque por parte de las tropas realistas que aún abrazaban con ahínco las banderas de su golpeado y lejano monarca peninsular. 

La valerosa prestancia que sostenía aquel puñado de hombres se sustentaba en la seguridad que les infundía su jefe, el joven capitán Manuel Quintana y Bravo, a la sazón de 28 años, quien ya había sido fogueado, demostrando su valor, en casi todos los combates de la independencia. Era, en efecto, Quintana una de aquellas personalidades firmes y resueltas que suelen distinguirse en sus oficios y propósitos.

Quintana de vuelta en Yumbel, después de perseguir y ejecutar a un grupo de montoneros que arrasaban Tucapel y sus cercanías, toma de inmediato el mando de las tropas y organiza las mejores estrategias para su defensa, poniendo en entredicho, por lo demás, hasta las aseveraciones del propio cura del pueblo quien le aseguraba que los enemigos no pasaban de cien.  

En su libro La Guerra a Muerte, el historiador nacional Benjamín Vicuña Mackenna, relata al detalle los sucesos y circunstancias de esta fecha memorable, señalando que:

“Cualesquiera otros que no hubieran sido los soldados de aquel tiempo habrían desamparado un punto en el que era más que temeridad el resistir uno contra cinco.  

Sin esperanzas de poder salvar el pueblo ni defenderlo siquiera retiróse Quintana con su puñado de valientes al cerro del Centinela… y allí aguardó de pie firme al enemigo.    

Los combates de aquella época no eran ni largos ni estratégicos. No había movimientos, ni voces de mando, ni orden de batalla. Se peleaba sólo para morir o matar, y nadie se rendía.

Tres veces acometieron los realistas a la altura en que se había parapetado Quintana y tres veces volvieron a bajar por la ladera, cebados con el saqueo del pueblo donde cometieron indescriptibles estragos, incendiándolo enseguida. La infantería se batía, sin embargo, con denuedo sostenida por la guerrillas de a caballo, hasta que al fin hubo de ceder y retirarse cargada por la caballería patriota.

Junto a numerosos yumbelinos y soldados patriotas, participó también de manera valiente y destacada en este Combate el joven subteniente de Cazadores Manuel Bulnes Prieto, de escasos 19 años de edad, quien algunas décadas después ocuparía el cargo de Presidente de la República, durante el periodo de los decenios.

Correspondió a Bulnes cumplir las órdenes e instrucciones que impartía perentorio y encolerizado el capitán Quintana al ver ardiendo el pueblo, al punto de poner en riesgo su propia vida cuando el intrépido cacique Mariluán lo apuntaba con su lanza y fue providencialmente salvado por un subalterno que disparando certeramente contra el cacique le quebró el brazo que la empuñaba.

Después de seis horas de luchas incesantes y viendo frustrados sus empeños, los realistas emprenden la retirada llevando como único trofeo los maderos humeantes del pueblo de Yumbel que, cual víctima propiciatoria en sacrificio por un bien superior, fue objeto de semejante ferocidad y barbarie, dando fin a este Combate por el afianzamiento de nuestra Independencia Nacional, que aún al día de hoy es reconocido como una de las resistencias más grandes de esta guerra.

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