lunes 20 de enero, 2020

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Opinión

Plaza de armas

Mario Ríos Santander 


 Por LESLIA JORQUERA

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 Hasta 1937, en el centro había una cancha de fútbol, que no tenían ninguna pretensión, tierra y arcos de madera. Ese año, comienza a construirse el Liceo Alemán del Verbo Divino, y el municipio dispone el retiro deportivo, proyectando la actual Plaza Pinto en todo su esplendor inaugurándose en 1939.

En su costado sur, ubicado el Regimiento. Muros gruesos, fortificados, patio de presentación y cuadras para dormir. Dos cañones a cada lado de su ingreso. Al frente, la Plaza Brasil. En el centro el Odeón, testigo de bandas y canciones en la primavera. En su entorno, árboles cubriendo el calor del verano, bajo ellos, bancas que  unidas,  unas a otras, rodean todo el recinto. Su estructura plana, culminaba por su costado norte, con peldaños de piedras para acoger el desnivel del terreno en su entorno. En l939, años de terremoto y recuerdos fundacionales, doscientos años, sus baldosas relucían y los primeros triciclos se asomaban veloces empujados por el pedaleo de niños alegres y vivaces. Años antes, había sido plaza de armas, igual que todas las plazas que tenían esa denominación en la península ibérica. Los años que siguieron a la conquista española, y consolidada la institucionalidad chilena, arribaría a nuestras urbes la cultura francesa. España. Algo esmirriado en materia arquitectónica y demasiado belicoso para otros, no tenía entre sus planes la finura y el glamour que París, se encargaba de difundir a través de decenas de publicaciones llegadas a toda la tierra hispana, incluyendo aquella asentada en el nuevo continente. Esto hace que desaparezcan las “Plaza de Armas” y se asomen los parques, de estructura francesa o inglesa, cubriendo de verde los adoquines, flores diversas, árboles para la sombra del verano ardiente y escaños numerosos para acoger al vecino deseoso de una buena charla bajo la sombra. Comenzaba a surgir la Plaza Brasil.

Al sur, en aquello que llamaban Pueblo Nuevo, la urbanización contemplaba otra plaza. Dispuesto el terreno para acoger esto que hoy llaman “pulmón verde”, se ordena plantar en 1928 los tilos que rodean su paseo circular. Estos árboles que este año cumplen 90 años, robustos y frondosos, ha permitido la instalación de ferias, además de ser en verano, un paseo familiar acogedor, fresco y muy hermoso. Hasta 1937, en el centro había una cancha de fútbol, que no tenía ninguna pretensión, tierra y arcos de madera. Ese año, comienza a construirse el Liceo Alemán del Verbo Divino, y el municipio dispone el retiro deportivo, proyectando la actual Plaza Pinto en todo su esplendor inaugurándose en 1939.

A fines de los noventa, principio del 2000, el Concejo Comunal de Los Ángeles, resuelve lo impensable: Remodelar la Plaza de Armas actual. Los angelinos escuchan impertérrito, motosierras que matan sus árboles. Se levantan muros y la baldosa tradicional, es reemplazada por un pavimento rojizo. El Odeón se va a un costado y en el centro,  surgen unas piletas, siempre sucias, que lanza, de vez en cuando un hilo de agua insignificante que recuerda orines felinos. Frente a la Gobernación, una placa, recordando a los que aprobaron millones de pesos para construir la que debe ser la Plaza menos agraciada de Chile. Un par de días atrás, hablé con uno de esos nombres inscritos y le insinué que solicitara su retiro, “eres mi amigo y quiero cuidarte del oprobio local”. Me respondió que, “menos mal que detuvimos un programa igual para la Plaza Pinto”. Dios me libre. Luego me preguntó “¿Qué hacer?”. No supe la respuesta. En realidad, ¿qué hacer?  Se reconstruye el antiguo liceo. ¿Será el momento de un solo y final proyecto de instalación del centro de Los Ángeles? Por de pronto, unir la plaza con el Centro Cultural en construcción, eliminando vehículos por calle Lautaro, aparece como un asunto de interés. Quién sabe si por ahí está la respuesta. Pero la, “plaza de Armas”, está cada día más fea y la Plaza Pinto, cada día más bonita.

Mario Ríos Santander  

  

 

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