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Opinión

Máxima velocidad

“¿Qué es más peligroso hoy en la carretera, andar rápido o andar despacio? Yo creo que andar despacio, de hecho, debiera instaurarse como en otros países una velocidad mínima permitida. Lo mismo nos o


 Por La Tribuna

Juan-Secano-retrato

“Lento, pero seguro”, así dice el refrán. Lamentablemente, para los tiempos de hoy este conocido dicho tiene que adaptarse, porque lo lento no es lo seguro, por el contrario, lo lento es lo más inseguro y riesgoso. Hace unas semanas, llevé 8 finos carneros reproductores de tiro en un carro en mi Chevrolet C-10 Custom Deluxe 1979, donde otro criador de la zona de Cauquenes. Me fui en promedio a 80 km/h. Casi perdí la vida en 3 oportunidades y lo que hubiera sido más grave: habrían muertos mis finos animales Merino Cabeza Blancaque me traje de Punta Arenas. Un bus frenó de golpe atrás mío, una moto tuvo que adelantarme por la berma y un camión me adelantó raudo y me echó el acoplado encima. Me di cuenta que el equivocado era yo y nunca más andaré a menos de 110 km/h en la carretera. ¿Qué es más peligroso hoy en la carretera, andar rápido o andar despacio? Yo creo que andar despacio, de hecho, debiera instaurarse como en otros países una velocidad mínima permitida. Lo mismo nos ocurre en la vida, pero al revés. En la vida es importante que el tiempo pase lento, saber estar con sus seres queridos, darse el tiempo de conocerlos, escucharlos, gastar mucho tiempo en entenderlos y quererlos. Aprovechar el tiempo, que es escaso, para estar mucho rato con sus amigos, con su familia, con sus hijos y ¡con usted mismo! Usted, por ejemplo, cuándo ve una sandía, ¿se la come al tiro? Yo no. La miro, veo si está bien fría y luego la lleno de harina tostada. La disfruto lento. Si usted se come la sandía sin harina, no entiende nada de culinaria, del verano y menos de la vida, porque anda apurado y le recomiendo incluso dejar de leer estas líneas de inmediato. El antiguo refrán “lento, pero seguro” lo modificaría por uno más potente, por el de la sabiduría de la tortuga: “Sin prisa, pero sin pausa”. Sin embargo, si volvemos a la carretera, nos daremos cuenta que sí hay cosas que es importante hacerlas rápido, con diligencia, con premura. Desde luego avanzar por la carretera, pero en el trabajo y en las empresas también es importante considerar la velocidad.  Si miramos las empresas, por ejemplo, la velocidad sí es importante. Una vez escuché en una conferencia a Bill Gates decir que “el mundo va a cambiar en los próximos diez años más de lo que lo ha hecho en los últimos cincuenta años”, y así fue.

Muchos expertos aseguran que hoy, el mejor empresario no es el más motivador,

ni el que tiene más experiencia ni éxitos, sino aquel que sabe combinar talento y tecnología para innovar y tomar decisiones con rapidez diferencial. La mayoría de las  empresas deben introducir cambios para mantener la competitividad, pero también para subsistir. Los cambios provocan incertidumbre, por lo que los empresarios y empleados deberán estar preparados y afrontar las variaciones con agilidad y contundencia. La velocidad siempre es un factor positivo, sin embargo, la regla número uno de la buena gestión empresarial es no confundir rapidez con precipitación.

El actual entorno empresarial se caracteriza por los cambios, por la necesidad de innovación, anticipación y creatividad permanentes.

Ante esta situación, existen dos tipos de empresarios: los rápidos y los lentos. Evidentemente, sólo los rápidos triunfarán en este contexto de aceleración incesante.

El mundo hoy es otro. La velocidad siempre ha sido un factor positivo en cualquier empresa, pero es precisamente ahora cuando más se notan sus resultados. La empresa del siglo XXI necesita de personas con unas cualidades específicas: fácil adaptación a los cambios, interés por innovar e implantar la tecnología más nueva y, por supuesto, velocidad tanto en la toma, como en la implantación de decisiones.

Lo cierto es que, aunque no todos los sectores y mercados requieren la misma dosis de velocidad e innovación, la mayoría de expertos no duda en encontrar el secreto del éxito precisamente en la agilidad y rapidez. Sin embargo, un error fatal sería confundir la velocidad con la precipitación. Bajo ningún concepto es recomendable tomar decisiones o aceptar o rechazar negocios sin ningún tipo de análisis. La velocidad con que se toman las decisiones depende de la experiencia y la capacidad acelerada de análisis del empresario. La rapidez no es una acción, es una habilidad que sólo unos pocos tienen, y que debemos luchar por conseguir. Recuerde, en la carretera y en el trabajo, máxima velocidad. En la vida, lento. De lo contrario, más temprano que tarde, se encontrará manejando detrás de un bus. Y ojalá que no le tire la cadena.

Juan Secano Rere

Gaucho de la Patagonia

radicado en Los Angeles

Twitter: @SecanoJuan

[email protected]

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