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Paridad constituyente


 Por La Tribuna

Todavía resuena en el país el duro portazo que dio ayer la Cámara de Diputados a la intención de incorporar una paridad de género y representación de comunidades originarias e independientes. La idea, que se venía cultivando desde días después al acuerdo del 15 de noviembre, no fue bien recibida por el oficialismo pues, aseguraron, no estaba comprendida en ese documento y no fue lo que se aprobó en esa larga noche en Santiago. Argumentan, además, que el valor de un voto no sería igualitario si, por ejemplo debe necesariamente elegirse a una mujer y un hombre si es que no son la primera y segunda mayoría de votación.

Rápidamente, la Comisión de Constitución tomó la reforma y la propuso como proyecto de ley. Con eso, la discusión debe volver a la sala a discusión y votación, pero con menos quórum necesario para ser aprobada. Una jugada que acerca más la idea de tener una comisión constitucional, si es que se aprueba esa opción, conformada en igual número por hombres y mujeres y con representación de pueblos originarios y sectores independientes.

Parece extraño ver hoy que un sector de la política, el que se identifica con el gobierno del Presidente Sebastián Piñera, que defendió durante décadas el modelo binominal de elecciones, sea hoy el sector que defiende el valor de un voto en igualdad con otro. El sistema binominal, recordemos, es precisamente uno mediante el cual un voto minoritario tiene el mismo valor que el mayoritario al poder elegir un representante.

¿De dónde nace, entonces, la intención de ahora borrar la paridad de género y la representación de pueblos originarios e independientes de una eventual comisión constituyente? Es una respuesta que el sector oficialista debe dar prontamente, pues es fácil suponer para la opinión pública que con su votación están en contra, por ejemplo, de la igualdad de género.

En este punto, aunque no sea real, el sector de gobierno vive una disyuntiva similar a la que vive la oposición cada vez que vota, por ejemplo, contra la criminalización de las protestas. Parece contra toda intuición que no se endurezcan las penas a quienes cometen destrozos, y así la oposición se mete en un bosque al explicar con el derecho a la manifestación y al castigo equivalente a la falta.

En momentos como este es caro para los sectores políticos ir contra el sentir de la ciudadanía. Ahora le toca al mundo oficialista explicar algo que parece muy obvio.  

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