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El clima y los desafíos para nuestra agricultura

por La Tribuna

El clima y los desafíos para nuestra agricultura / Fredy Muñoz / Archivo La Tribuna

La llegada de noviembre ha estado marcada por cambios importantes en las condiciones meteorológicas de la provincia de Biobío. Tras jornadas de precipitaciones, los pronósticos anuncian temperaturas que podrían alcanzar los 31 grados en algunas comunas, como Mulchén. Una variación que, más allá de lo llamativa que pueda resultar para esta época del año, vuelve a poner sobre la mesa una preocupación permanente para uno de los sectores productivos más relevantes de nuestro territorio: la agricultura.

Para quienes trabajan la tierra, el comportamiento del clima no es un asunto menor. Las lluvias fuera de los períodos esperados, las heladas tardías, los aumentos bruscos de temperatura y los períodos prolongados de sequía pueden afectar las siembras, las floraciones, las cosechas y, finalmente, los ingresos de cientos de familias que dependen de esta actividad.

Nuestra provincia tiene una profunda vocación agrícola. Desde los grandes productores hasta la agricultura familiar campesina, existe una cadena productiva que genera empleo, abastece mercados y sostiene buena parte de la economía de las comunas rurales. Por ello, los efectos de la variabilidad climática no se limitan al campo, sino que pueden extenderse al comercio, el transporte y otras actividades vinculadas a la producción de alimentos.

El desafío está en comprender que estas condiciones requieren una capacidad de adaptación cada vez mayor. La disponibilidad de agua, la incorporación de tecnologías de riego, el acceso a información meteorológica oportuna y el acompañamiento técnico a los productores son herramientas que adquieren especial relevancia frente a escenarios menos predecibles.

Sin embargo, no todos cuentan con las mismas posibilidades para enfrentar estos cambios. Mientras algunas explotaciones agrícolas disponen de recursos para incorporar tecnología y modificar sus procesos, los pequeños agricultores suelen enfrentar mayores dificultades para financiar inversiones o recuperarse de una temporada desfavorable.

En este contexto, resulta fundamental fortalecer la coordinación entre los organismos públicos, las organizaciones agrícolas, los centros de investigación y los propios productores. La adaptación no puede depender únicamente de los esfuerzos individuales, especialmente cuando está en juego una actividad estratégica para la seguridad alimentaria y el desarrollo económico de nuestra provincia.

El clima siempre ha formado parte de los riesgos de la agricultura. Lo que hoy exige mayor atención es la necesidad de anticiparse, disponer de mejores herramientas y comprender que la capacidad de respuesta será tan importante como la experiencia acumulada por generaciones de agricultores.

Cuidar nuestra agricultura también significa prepararla para enfrentar condiciones cambiantes. Y en una provincia como Biobío, donde el campo forma parte esencial de nuestra identidad y economía, ese desafío merece una atención permanente.

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