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Los inicios de la población Basilio Muñoz

Partió como una toma cuyos pobladores montaron una operación distractiva para afincarse en un terreno. Con el tiempo, se afianzó hasta ser una de las poblaciones más populares de Los Ángeles.


 Por Juvenal Rivera

HBB, basilio Muñoz-3

Todos los lugares tienen un origen, un punto de partida. Cuando se trata de una población o villa, generalmente está relacionada al hito de la entrega de las viviendas que incluye un acto, generalmente público, con autoridades y con invitados, en que a los emocionados propietarios se les entregan las llaves de su anhelada casa propia.

O puede ser incluso antes cuando – también con mucha pompa – se coloca la primera piedra sobre el terreno donde se levantarán los sueños de las familias favorecidas.

Sin embargo, varias poblaciones de Los Ángeles, especialmente entre la década de los 60 y principios de los ’70, están marcados por un punto de inicio que, definitivamente, fue diferente.

Y uno de los más singulares ocurrió en agosto de 1970 en lo que después se conocería como uno de los barrios más tradicionales de la capital provincial: población Basilio Muñoz.

Su punto de partida no fue una ceremonia con autoridades ni con corte de cinta tricolor. Nada de eso. Su origen está en una audaz toma de terreno realizada en la madrugada del lunes 24 de agosto.

Primero que nada, hay que entender el contexto de la época. Desde la década del 40 en adelante se produjo una masiva migración del campo a la ciudad. Cientos de familias dejaron las tierras donde solían vivir como inquilinos para buscar mejor fortuna en las urbes. Sin embargo, la gran mayoría de ellas siguió encontrando pobreza, miseria y abandono.

La urgencia por tener un espacio para vivir presionó para que en Chile – y en Latinoamérica – se llevara a cabo la primera toma en 1957. Más de mil familias del denominado “Cordón de la Miseria” capitalino se organizaron para ocupar tierras, dando forma a la población La Victoria.

Su ejemplo se empezó a multiplicar en todo el territorio nacional. La instalación en terrenos desocupados y baldíos dio origen a numerosas “poblaciones callampa”, una manera de referirse a las muy precarias construcciones aparecidas de la noche a la mañana.

En marzo de 1965, un estudio de la Dirección General de Obras Sanitarias, contó 13 campamentos o poblaciones callampa con exactamente 2 mil 944 personas en Los Ángeles, equivalentes al 10% de la población.

Fue la presión por la casa propia la que empujó a ocupaciones dentro del casco urbano de la capital provincial. Una de ellas tuvo lugar en una fría mañana del lunes 24 de agosto de 1970.

Con los primeros despuntes del alba, unas 150 personas entraron y ocuparon un terreno que colindaba con la población Clara de Godoy, ubicada en el sector norponiente de la ciudad.

A pie o en carretelas de mano, las familias trasladaron algunas pertenencias personales y se instalaron en el recinto que era propiedad de la sucesión Muñoz Tapia. En un par de horas, ya tenían montadas algunas carpas hechas con pedazos de madera y cartones. En muchas de esas precarias construcciones, simbólicamente se levantó una bandera chilena.

Pero esta toma no fue así de simple. También hubo bastante de estrategia, incluida la antigua pero efectiva fórmula del engaño.

¿Cómo así? En los días previos, se echó a correr un fuerte rumor en Los Ángeles de que grupos de pobladores sin casa se tomarían un terreno ubicado en lo que ahora corresponde a la villa Balmaceda, contiguo a la población Domingo Contreras Gómez. En ese entonces, era un descuidado paño repleto de maleza, pajonales, en la margen sur del estero Quilque. Llegó a tanto la preocupación que las autoridades locales ordenaron un resguardo policial permanente, las 24 horas, en ese lugar. Ocho efectivos de carabineros recorrían el entorno ante la inminencia de una toma que podía ocurrir de un momento a otro.

Sin embargo, a poco más de un kilómetro hacia el norte, un grupo de pobladores previamente concertados entre sí – muchos de ellos, de la vecina población Clara de Godoy – aprovechó esa distracción de las fuerzas policiales y rápidamente, acometieron en el terreno. También bautizaron la toma como “campamento Araucano”.

Pero sus dirigentes no se quedaron solo en la instalación de las familias. Inmediatamente se contactaron con autoridades de Corporación de Servicios habitacionales (Corhabit), entidad encargada de los temas de vivienda. Ahí consiguieron dos compromisos que aseguraron su permanencia, pese a su actual toma ilegal: no serían desalojados y se buscaría manera de resolver su requerimiento de vivienda.

Con el correr del tiempo, y gracias a la propia organización de las familias, la ocupación se regularizó debido a la compra del terreno y a la construcción de viviendas que se fueron ampliando y mejorando con el tiempo. ¿Y por qué el nombre actual? En homenaje a Basilio Muñoz Pal, quien fuera dueño del terreno tomado esa madrugada del 24 de agosto de 1970.

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