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Una batalla tras otra (2025): "No se huye del pasado cuando regresa a golpes: se le enfrenta"

por Prensa La Tribuna

Crítica cine / contexto

Dirección: Paul Thomas Anderson

Guion: Paul Thomas Anderson

Música: Jonny Greenwood

Año: 2025

País: Estados Unidos

Productora: Ghoulardi Film Company / Warner Bros. Pictures

Duración: 150 minutos aprox.

SINOPSIS

Bob Ferguson, interpretado por Leonardo DiCaprio, fue una figura clave del grupo revolucionario "Los Franceses 75". Tras un levantamiento fallido y la disolución de la célula, se esconde bajo una identidad falsa intentando criar a su hija Willa, interpretada por Chase Infiniti, lejos de la violencia que marcó su pasado. Dieciséis años después, ese pasado regresa encarnado en el coronel Steven Lockjaw, interpretado por Sean Penn, cuya obsesión lo obliga a salir de las sombras y reunir a antiguos camaradas para rescatar a su hija, secuestrada por el enemigo. La misión pronto deja de ser un simple rescate: se transforma en una confrontación brutal entre ideales rotos, lealtades traicionadas y la imposibilidad de escapar de lo que uno fue.

ANÁLISIS

Paul Thomas Anderson es un director que no negocia con el espectador. O entras en su juego o te quedas afuera. Una batalla tras otra es ambiciosa, irregular y, por lo mismo, profundamente interesante. Anderson toma el molde del cine de acción contemporáneo y lo contamina con culpa política, paternidad fallida y violencia heredada. No busca agradar ni dar respuestas claras, lo cual como siempre, se agradece. Visualmente, la película es contundente, filmada con una precisión quirúrgica: cada encuadre pesa, cada movimiento de cámara parece responder a una tensión interna más que a la pirotecnia. Hay una épica áspera, casi cansada, que se aleja del estereotipo de acción común. La fotografía y el uso del espacio refuerzan una sensación constante de persecución moral y no solo física.

El guion mezcla de thriller político, comedia negra y drama familiar en una amalgama que es brillante. DiCaprio sostiene la película con solvencia, aunque sin sorpresa. Su interpretación es contenida, rota, creíble. Sean Penn, en cambio, opta por la exageración: su villano bordea la caricatura, pero funciona porque la película no cree en la sutileza moral, sino en la locura instintiva del sino. Benicio del Toro aparece como un agente de caos controlado, casi como si viniera de otra película, añadiendo no solo carisma el filme, sino que una locura genial. Chase Infiniti sorprende: logra anclar emocionalmente un relato que fácilmente podría haberse perdido en la grandilocuencia de la historia.

CONCLUSIÓN

Una batalla tras otra no es una película cómoda ni perfecta. Es larga, excesiva y a ratos irregular, pero también audaz, física y emocionalmente persistente. Anderson no entrega solo adrenalina ni solo reflexión, sino que obliga a convivir con ambas en lo que es un filme pensado de forma irregular pero claro en su mensaje. Puede cansar, puede irritar, pero no se olvida. Es cine de autor disfrazado de blockbuster, una rareza cada vez más escasa y, justamente por eso, necesaria.

Leonardo A. Ramiro Reyes

Diplomado en Cine e Historia

@leorama6

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