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Los Ángeles

Francisco Ortega: “Las ferias son la manera en que el libro siga vivo”

El escritor valoró la nueva versión de la Feria del Libro y las Artes impulsada por Santo Tomás Los Ángeles y que apunta a fomentar el arte y la cultura en la provincia de Biobío. En esta ocasión, el autor presentó su obra “Trilogía de los Césares”.


 Por La Tribuna

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Fue el último escritor en presentarse en la Feria del Libro y las Artes organizada por Santo Tomás Los Ángeles. Francisco Ortega cautivó a los asistentes con la Trilogía de los Césares, además de otras obras escritas durante su carrera.

Periodista de profesión, Ortega relató que siempre quiso dedicarse a la escritura. Así contó que desde pequeño escribía cuentos, también resúmenes de las películas que veía o regalaba cuentos de Navidad a su hermana.

El sueño de consagrarse como escritor fue más bien casual. “Estaba en mi primer año de universidad, el año 92 en Temuco, y envié una novela a un concurso de novelistas jóvenes de la editorial Los Andes: salí segundo y publicaron mi novela”, relató Ortega.

En aquel tiempo no tenía más de 18 años. Ya con una novela publicada, comenzó a escribir en las tardes y a publicar cuentos en Antología, además de guiones para cine y televisión. Sin embargo, no fue hasta 2013 cuando decidió dedicarse profesionalmente a ello, tras la publicación de su cuarto libro: Logia.

-Francisco, ¿qué significa para ti estar presente en esta nueva versión de la Feria del Libro y las Artes impulsada por Santo Tomás Los Ángeles?

Trato de participar en casi todas las Ferias del Libro a las que me invitan; a veces no puedo porque el tiempo no da. Para mí es algo muy valioso porque es una manera de mantener el libro vivo entre los lectores, pero por sobre todo de poder ir a distintas partes, distintas ciudades, distintas localidades donde las Ferias del Libro son la manera en que esto se mantiene activo, en que el libro de alguna manera siga vivo. A mí me gusta esa idea y que hay una comunicación directa entre el autor y el lector.

-En esta oportunidad, presentaste la Trilogía de los Césares…

Sí, además de Dioses Chilenos. Fueron cuatro libros de los cuales hablé, de cómo fue el proceso, hacia dónde va encaminado, de cómo fue la creación de los libros, relatando de qué manera la Trilogía de los Césares se vincula con todos los otros libros que he escrito, porque de alguna manera, esos tres libros son una suerte de punto nodal geográfico que une a todos mis otros libros.

– ¿De dónde nace la necesidad de escribir esta trilogía de libros y que se relacionen con tus demás novelas?

El primer libro de la Trilogía de los Césares fue el Número Kaifman, que después fue reescrito y publicado con el nombre de El verbo Kaifman, que es la misma novela, pero con más antecedentes, publicada el 2006.

En 2012, aparece Logia. Si bien ésta no es una segunda parte directa, es una segunda parte con los mismos personajes, se repiten las obsesiones, la búsqueda de un misterio; finalmente, esa novela continúa directamente con Andinia, que es la tercera parte.

Estas tres novelas funcionan en torno a una misma imagen, que es la búsqueda de la ciudad de los Césares. En el caso de El verbo Kaifman, fueron los nazis durante la segunda guerra mundial; en el de Logia, fue la logia lautarina, en la época de la Independencia de Chile, y en Andinia se mezcla un poco de ambos, pero, esta vez, con los jesuitas.

Creo que es una trilogía que se puede leer en orden o en desorden; se puede leer como uno quiera, pero el gran tema es uno común y que, además de los personajes que aparecen, es la búsqueda de esta ciudad perdida en algún lugar del sur de Chile.

– ¿De dónde nace esto de escribir sobre la búsqueda de una ciudad perdida?

En el caso de la primera novela, a mí me la encargaron. Fue una novela que un editor andaba buscando, que se desarrollara una novela de este tipo en Chile; llegué con esta historia y le tincó. Aunque no fue un encargo propiamente tal, sí fue un tipo de novela que un editor estaba buscando y, justo en ese tiempo, trabajaba en la revista Muy Interesante y había investigado un poco sobre este tema.

En el caso de Logia fue distinto porque, en el fondo, buscaba hacer una novela parecida en el mismo mundo, en el mismo universo por llamarlo de alguna manera, que no es otro universo, es este universo, que estuviese más relacionado con la historia de Chile que con la historia del mundo, porque la primera novela (Kaifman) tiene que ver con Alemania y ésta con la historia de Chile.

Es una obsesión bien personal la de mostrar parte de la historia de Chile, sobre todo lo que tiene que ver con la Independencia y todo ese proceso. Es muy entretenida y puede serlo tanto como como un capítulo de Game of Thrones.

– ¿Cómo ha sido la experiencia de poder llegar a vivir de los libros, de la escritura, de crear historias?

Tiene sus pro y contra. El contra es que uno termina viviendo una vida bien solitaria porque es un trabajo de uno nomás, de estar encerrado, de que nadie te moleste; en el fondo, uno tiene que tener tiempo para escribir.

Por otra parte, tiene muchos beneficios. No tienes jefe, eres dueño de tus horarios, puedes disponer del día como quieres; sin embargo, eso conlleva a ser responsable contigo mismo, hacerte un horario, darte un espacio, tener claro que tienes que cumplir con plazo.

Todo eso involucra tomar esto como un trabajo. Aunque puedas trabajar desde tu casa o desde un café, tienes que tener un horario; es algo muy de uno, de ser muy responsable.

– ¿Cómo fue el proceso de ser una persona que tenía un trabajo estable, que todos los meses recibía su sueldo, y que posteriormente decidió lanzarse a un proyecto de vida donde apuestas por lo que estás creando?

Es heavy. Involucra ordenarte porque a mí, en rigor, me llega un sueldo cada seis meses, pero suficiente grande para repartirlo durante el año.

 

Igual, todos los meses escribo en La Tercera, en la Revista Caras y me llega un colchón para ir juntando, pero igual es un riesgo. Básicamente es tirarte al mar, al decir “voy a hacer esto, vamos a ver qué pasa”.

– ¿Qué fue lo que te impulsó a asumir el riesgo de decir, “perfecto, a estoy me voy a dedicar” y apostar al 100% por ello?

Básicamente, porque a dos libros les empezó a ir bien y me dieron un colchón de tranquilidad económica suficiente como para poder decir “ya, esto se puede”, que fue Logia y Mocha Dick.

Significó una reducción bastante alta en lo que yo ganaba entonces, pero me permitía vivir bien; sin embargo, involucró estar contento conmigo mismo. Tenía 39 o 40 años y llegó ese momento en que dije “tengo que hacer lo que a mí me gusta”.

– ¿Qué les dirías a las personas que están en esa encrucijada entre lo que deben y lo que realmente quieren hacer ya sea en materia literaria o en otro aspecto de la vida?

Es complicado porque uno tiene que conocer las historias de cada persona porque uno no conoce en lo que está esa persona. Sin embargo, les diría que confíen, que le hagan caso a las corazonadas que uno tiene, pero que sean bien racionales porque no es llegar y tirarse a la piscina.

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