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Villa Hermosa: breve reseña del barrio más antiguo de Los Ángeles

A fines de 1890 comenzó a perfilarse ese tradicional vecindario de la ciudad que mantiene su perfil de los pueblos de antes.


 Por Juvenal Rivera

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Ningún otro barrio de la ciudad de Los Ángeles existió antes que el de la villa Hermosa, aunque su nombre original fuera distinto (villa Alegre).

Fue la primera vez que la modesta ciudad de aquel entonces expandió su radio urbano, en este caso, hacia la zona norte, a partir de un lento pero inexorable crecimiento poblacional.

La historia de la villa Hermosa comenzó a escribir sus primeras letras a fines del siglo XIX, específicamente de 1890.

¿Qué sucedió ese año? Sucedió que el fundo “San Pablo”, del ex gobernador de la zona, Pablo Anguita, fue vendido por su viuda, Ana María de Anguita. El comprador fue un señor llamado Miguel Covarrubias quien, de paso, era síndico de la Orden de los Domínicos.

Este último donó dichos terrenos a los sacerdotes Redentoristas que llegaron por esos años a la zona y quienes delinearon la población (esos religiosos fueron reemplazados en los años ’50 por los padres cotolengos).

De ahí se loteó para formar la población, cuyas calles fueron bautizadas por los domínicos con nombres de santos. El abogado, político e historiador local Domingo Contreras Gómez llegó a calificar ese singular hecho como “una sucursal del cielo”.  A modo de ejemplo, la calle Almirante Latorre antes se llamaba Santo Domingo.

Esta nueva población fue entregada al municipio el 22 de septiembre de 1912 pero sus calles conservaron sus nombres de santos hasta el 1 de julio de 1913, fecha en que el alcalde de ese tiempo, Eleodoro Larenas Maza, le otorgó sus actuales denominaciones.

Entonces, quedaron – de sur a norte – los siguientes nombres: Esmeralda, Angamos, Covadonga, Huamachuco, Néstor del Río, General Manuel Riquelme, Pedro de Córdova, General Basilio Urrutia, Los Garretones, General Cornelio Saavedra, Ángeles y Pedro Ruiz Aldea.

Paralelas a Latorre: Camilo Rodríguez, Chorrillos, Miraflores, Guacolda, General Velásquez, avenida del Centenario y Bascuñán Guerrero.

La gran mayoría de estas denominaciones fueron referencias a las grandes batallas de la Guerra del Pacífico (en la memoria seguía muy fresco el recuerdo de ese conflicto bélico) hecho pero también a hombres destacados de la ciudad en esa época, de reconocida filantropía.

Un par de datos curiosos: si revisa bien las calles de la villa Hermosa, se podrá percatar que varios nombres no se usan en la actualidad, (como General Basilio Urrutia, General Velásquez, avenida del Centenario y Bascuñán Guerrero). ¿Qué sucedió? Esa respuesta se pierde en el olvido.

Otro antecedente singular. Como decíamos en un principio, el barrio no siempre se llamó villa Hermosa. En los diarios de fines del siglo pasado, se hace referencia a la Villa Alegre.

De hecho, cuando el 11 de noviembre de 1923 se rebautizó la plaza con el nombre del coronel de Ejército, Ricardo Silva Arriagada, por su destacado rol en la guerra del Pacífico (antes se llamaba plaza San Alfonso), la prensa de esa época sigue mencionando a la villa Alegre. En algún momento, pasó a llamarse villa Hermosa.

Y a propósito de la plaza que lleva el nombre del destacado militar, eso fue sugerido por Francisco Rioseco, Albino Pezoa y el director del Liceo de Hombres de ese tiempo, Eleuterio Núñez Caviedes, con el fin de hacer justicia con el coronel Arriagada, militar ya retirado, oriundo de Los Ángeles y héroe de la Guerra del Pacífico.

En tan magno acontecimiento, los dos liceos de aquel tiempo, las escuelas primarias, las agrupaciones de veteranos de la Guerra del Pacífico, la municipalidad, las sociedades 21 de Mayo y de Socorros Mutuos, el Regimiento Lautaro, las colonias extranjeras y la policía de orden (antecesora de carabineros) montaron guardia de honor ante el antiguo coronel del Ejército de Chile que aún estaba vivo.

Hubo discursos, salvas de aplausos al ilustre Patrono de la nueva plaza de la ciudad y un desfile en su honor en la Plaza de Armas.

Se le ofreció a continuación un banquete en el Club de la Unión con una magnífica retreta mientras que los fuegos artificiales cerraron las fiestas de aquel día consagrado por completo a la glorificación del jefe del Batallón Los Ángeles en la campaña de Arequipa.

Sin embargo, el tiempo fue nuevamente implacable con la memoria. El paso de los años hizo olvidar el nombre de la plaza y el porqué de esa denominación. Es más, en los años posteriores a los terremotos de 1939 y 1960, ese espacio perdió su sentido original fue usado para instalar mediaguas para los damnificados.

Recién en una ceremonia realizada a mediados de 2017, con los descendientes de la Guerra del Pacífico, la plaza fue reinaugurada con su nombre formal: coronel Ricardo Silva Arriagada.

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