jueves 20 de febrero, 2020

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Crónica

La región se pone a la cabeza en la investigación de bioplásticos compostables para reducir las emisiones

El material nace como una alternativa al plástico tradicional, pero se degrada en 180 días. Se trabaja en las mismas aplicaciones que tiene el plástico normal. En la región podría aportar al desarrollo de valor en la industria.


 Por Claudia Robles

PRINCIPAL plastico botellas

El paso desde la “era del petróleo” a la “era de la sustentabilidad” es una necesidad urgente desde el punto de vista del medio ambiente, la economía y, por supuesto, la sociedad. Existen materiales fósiles que fueron altamente demandados y usados durante el siglo XX, los cuales son peligrosos y contaminantes; además, frecuentemente presentan una huella ecológica negativa, la que repercute en la tierra, el aire y los océanos. ¿Cuál es la alternativa?

En la Unidad de Desarrollo Tecnológico (UDT) de la Universidad de Concepción se trabaja desde hace varios años en distintas soluciones para reducir el impacto de los plásticos. Los esfuerzos están enfocados principalmente en dos líneas de acción: crear nuevas formulaciones para plásticos biodegrabables/compostables y desarrollar alternativas de reciclaje de plásticos convencionales.

BIOPLÁSTICOS

Las investigaciones relacionadas con plásticos biodegradables/compostables son de vieja data a nivel mundial. Álvaro Maldonado, jefe del área de Biomateriales de la UDT, señala que “una de nuestras líneas prioritarias es obtener formulaciones de plásticos biodegradables/compostables en base a ácido poliláctico (PLA), almidón termoplástico y PBAT, a las que agregamos cargas orgánicas como algas y partículas de madera, reforzantes como fibras y microfibrilas de celulosa, y diferentes tipos de aditivos compatibilizantes”.

Estos bioplásticos provienen de fuentes renovables y se degradan bajo condiciones de compostaje a una determinada temperatura, humedad y en presencia de microorganismos, en un promedio de 180 días, dejando como remanentes CO2, agua y biomasa. El obstáculo para usar masivamente estas materias primas es su alto precio, el que aún es al menos el doble que el de los plásticos convencionales.

Sin embargo, el costo es solo uno de los factores que influyen en la penetración de los bioplásticos en el mercado; otro desafío es técnico, ya que se requiere que estos materiales tengan las mismas características y prestaciones que los plásticos tradicionales en cuanto a sus propiedades mecánicas, fluidez y transparencia, entre otros.

UDT cuenta con experiencias positivas en el desarrollo de bioplásticos y su transformación en nuevos productos demandados por el mercado. “Una de nuestras principales líneas de trabajo son los envases y empaques para exportaciones de frutas. Los envases tipo clamshell para berries son ampliamente utilizados en los supermercados del país y el extranjero. En este contexto, en UDT desarrollamos un envase con las mismas prestaciones que ofrece el plástico convencional PET, pero usando PLA y distintos aditivos, igualando las características de transparencia, temperatura de ablandamiento, resistencia a compresión y apilamiento. La diferenciación reside en que se trata de un material compostable, lo que le agrega valor como material para envases de arándanos”, señala Maldonado.

“El proyecto de clamshell compostables para arándanos nace de la necesidad del sector exportador de fruta, en especial el orgánico, por disponer de envases sustentables que los diferencie de su competencia y agregue valor a sus clientes finales, que reciben la fruta y están deseosos de contar con envases compostables”, añade.

RECICLAJE

Hay varias tecnologías disponibles para el reciclaje de plásticos; la más utilizada en Chile es la de tipo mecánico, típicamente de plásticos PET, el material con que se fabrican las botellas desechables. Estos procesos tienen limitaciones debido a que el plástico debe estar limpio y ser de un solo tipo para que el material mantenga sus buenas características de calidad. Por lo anterior, el reciclaje mecánico solo alcanza a un 8% del total de los residuos plásticos del país.

“En Europa se alimentan enormes calderas en las que el plástico se incinera para obtener energía. Sin embargo, se trata de una alternativa que requiere de una alta suma de dinero y que es crecientemente cuestionada desde un punto de vista ambiental, por lo que no cabe esperar su implementación en Chile. En UDT estamos desarrollando un reciclaje químico, del tipo pirólisis. Se trata de un proceso termoquímico, en ausencia de oxígeno, en el que el plástico se degrada, generando productos sólidos, líquidos y gaseosos”, explica el doctor Alex Berg, director ejecutivo de UDT.

Entre sus ventajas está que se pueden procesar mezclas de plásticos y, al refinar los líquidos y sólidos resultantes, se puede obtener un combustible industrial tipo diesel y ceras parafínicas que pueden tener variados usos: como agente repelente al agua, en paneles de madera y cartones; modificadores reológicos en la industria de plásticos y materiales de cambio de fase para almacenar energía térmica captada durante las horas del día (por ejemplo, mediante colectores solares) y liberarla cuando la temperatura descienda, en aplicaciones de agua caliente y sistemas de calefacción domiciliaria.

IMPACTO EN LA REGIÓN

Álvaro Maldonado es claro. El impacto que el bioplástico compostable podría tener en la agricultura de la región es grande. En la región se consumen por habitante alrededor de 50 kilos al año, con tasas muy bajas de reciclaje que no superan el 8 por cierto. En la región solo existe una pequeña industria fabricante de productos plásticos, ya que esta actividad industrial está concentrada en Santiago; sin embargo, existen muchos sectores usuarios de productos plásticos, como la agricultura, la industria forestal y el retail, entre otros.

“En nuestra zona, con una fuerte industria agrícola y exportadora de frutas, los bioplásticos compostables podrían ser un gran aporte, ya que pueden desarrollarse productos plásticos que se utilizan actualmente en la agricultura, pero ahora compostables, lo que permitiría eliminar la contaminación de los suelos agrícolas; ejemplo de esto sería el desarrollo de mulch compostable para el cultivo de distintos frutos y hortalizas. De igual forma, para el sector exportador de fruta se abre la posibilidad de desarrollar envases compostables que permitirían potenciar el sector exportador, diferenciándose de sus competidores, que utilizan actualmente plásticos tradicionales, considerados como contaminantes”, explica Maldonado.

“En la región, y en específico en la provincia, existen productores y exportadores de berries que podrían utilizar estos envases compostables y agregar valor a la comercialización de sus frutas. De hecho, actualmente la UDT se encuentra trabajando de manera colaborativa con la empresa Bestberry S.A. de la ciudad de Los Ángeles, para el desarrollo de estos envases”, añade el científico.

“Es posible replicarlo en la región fabricando estos envases compostables en mayor escala y ofrecerlos a todas las empresas exportadoras de arándanos de la región y la provincia, para que puedan exportar sus productos en envases compostables”, completa.

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