miércoles 20 de noviembre, 2019

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Quilleco

La pita a través del tiempo: un oficio que sobrevive en manos de una mujer

Entre una serie de objetos decorativos ideados por ella misma, Lidia Araya, dice que esta es una práctica que mantiene arraigada en sus raíces.


 Por Marcela Vidal

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A 34 kilómetros de Los Ángeles se ubica el sector de Canteras en Quilleco, un lugar tranquilo y sobre todo histórico. Acá se emplaza el monumento del prócer se la patria llamado Castaño de O’Higgins y también se arraiga una tradición chilena, esto, gracias a la labor de Lidia Araya quien día a día vela por hacer subsistir el oficio de coser en pita.

Con su material en mano, el que fue recolectado hace un par de días, esta mujer originaria de la zona explicó que para ella, este trabajo la ha hecho cada día más fuerte, por ello lucha con esmero de ser cada día mejor.

“Yo creo que este emprendimiento viene desde mi abuela, mi mamá lo practicaba haciendo chupallas, aunque como nosotros éramos nueve hermanos fue algo bien complejo. Entre tanto niño me imagino que era poco lo que podía hacer”, manifiesta como una anécdota esta mujer, quien ha hecho de un material natural algo realmente increíble.

Es que al observar su trabajo es inevitable no apreciar la imaginación de esta emprendedora, quien ha plasmado con su talento bellas figuras y otros implementos cosidos. Todo ellos con una aguja que sin duda ya es una amiga fiel, gracias a un talento que se aferró a ella como una manera de preservar una bella tradición rural, que sin duda, muere con el tiempo.

Lidia cuenta que su historia con este material, comenzó después de 20 años que pasó en Santiago, cuando fue madre, en ese momento comenzó este proceso el que ha ido puliendo con tiempo en una perfección casi automática, cargada de detalles, porque al mirar cada pieza que hay en venta, es imposible no admirar la dedicación que representa cada una de sus creaciones.

“Cuando tuve a mi hijo me volví a Canteras y ahí entré a los talleres que me recordaron este trabajo y me gustó porque para mí es como una representación de mi localidad, que antes era campo, ahora estamos más urbanos” agregó manifestando que a pesar de los tiempos sigue siendo una zona donde se forja la historia de la patria.

UN TRABAJO PARA SER FELIZ

Sobre el tiempo que la emprendedora dedica a sus producciones revela que el secreto está en hacerlo sin mirar el reloj, puesto para ella esto es relativo, sin embargo hay que considerar la responsabilidad, la misma que mezcla con su vida familiar, en la que su único hijo Nicolás, es un pilar fundamental.

“Yo nunca le tomo los tiempos a lo que hago, porque siempre voy haciendo varias cosas a la vez, nunca me detengo, a pesar que hay algunas ideas más complejas que otras. Siempre pienso que esto es parte de mi sustento, con el que contamos como familia” sentenció la emprendedora que presenta todo su trabajo diariamente en un pequeño local a la entrada de este sector junto a otros artesanos.

Con una alegría interior y una emoción paulatina, relata que todo este proyecto lo ha desarrollado en un entorno familiar acompañado con su hijo, el que cada día la alienta a seguir como una manera de fomentar el arte y por otro lados sus hermanos quienes en ocasiones le reclaman por el tiempo que esta mujer dedica a su artesanía. Que entre tantos productos brilla por estar cargado de detalles que se ha desarrollado por horas.

“Aunque muchas veces me critican que no paro en la casa, porque me lo paso acá –su local- o voy a ferias, yo soy dueña de mis espacios y eso es interesante e importante, porque no todos tenemos esta fortuna. Si yo trabajo menos, yo pierdo de lo contrario gano. Es una por otra” sentenció entre risas que demuestran una felicidad en cada uno de sus actos.

TODAS EN UNA: MADRE, EMPRENDEDORA Y ARTESANA

“Lo que pasa, es que cuando uno es mamá soltera tiene que generar recursos, entonces, ahí yo empecé con la artesanía y me propuse obtener un permiso aproximadamente el año 2007, de ello nacieron otras ideas y la pita, que durante el verano es un pilar fundamental” rememora Lidia quien entre sus recuerdos comentó que todo este sacrificio le permitió brindar una buena educación a su hijo.

Sobre su rol como emprendedora, declara que es un tema delicado y algo emocionante, puesto que para ella hablar de ese concepto es perseverar en un proyecto y velar por él a través de tiempo, porque en este camino donde las dudas surgen una y mil veces.

“Yo encuentro que cuando uno quiere ser emprendedora, quizás no resultan las cosas, pero uno tiene que estar empoderada de lo que hace y estar seguro que es del gusto y uno en las ferias se nutre con el reconocimiento de las personas, eso me emociona, porque es el sacrificio de cada uno” explicó con una emoción.

Todo esto, en un esfuerzo que muy pocos llevan a cabo, puesto que esta tarea requiere de dedicación donde muchas veces el trabajo puede ser muy duro, pero gratificante.

Y es que la elaboración de piezas como joyeros, llaveros, figuras y otras tantas ideas, nacen con la recolección del material luego su costura y con ello, la presentación al público, donde muchos ya no se explican cómo se realizan cada una de estas bellas piezas hechas totalmente a mano, aguja y pita, que es extraído en diferentes partes de la zona entre ellas, donde se encuentra el monumento a Bernardo O’Higgins.

Mientras conversa sobre todo su trabajo, de una manera distendida, con aguja en mano cargada de pita fresca deshilachada y en otra con un trabajo a medias, Lidia nos cuenta que el proceso de trabajo, parte con la extracción del material de diferentes partes, entre ellas una que se ubica muy cerca del reconocido “Castaño de O’Higgins”, donde crece una planta que rinde bastante.

“Las más verdes las saco para coser, porque tienen que estar más fresca a diferencia de la que se añaden que debe estar  secas, entonces ahí uno para trabajar requiere estas dos mezclas que se van añadiendo una con otra para dar vida a mis productos. Acá yo voy cosiendo y en detalle comienzo a darle forma a mis ideas”.

Y es que a pesar de lo atrofiadas de sus manos como revela ella misma, es algo que ama llevar a cabo. En primer lugar porque es único, también le genera alegría y lo otro, es que sabe que sus piezas son recuerdos que muchos valoran y compran porque saben que este es un trabajo que tiene una importante inversión.

UNA TRADICIÓN QUE VA MURIENDO CON EL TIEMPO

Sobre el valor del trabajo en pita, asegura que esta es una labor que se va perdiendo con el tiempo, porque es una tarea un poco difícil, sin embargo cuando va a las ferias las personas se entusiasman.

“Ahí le voy diciendo a la gente que se interesa como se hace este trabajo, aunque creo que me falta un poco para hacer clases, porque eso requiere más paciencia y eso me falta un poco aunque no descarto las intenciones a futuro, que se han propuesto en diversos talleres de mujeres” sentenció.

Sobre su trabajo Lidia dice que hay que hacerlo con cariño, puesto que hay que deshilachar todo el material con mucha paciencia, para que cada artículo quede lo más fino posible. 

“Quizás lo ven poco trabajo, pero todo consiste en la dedicación que se va haciendo con los años, es imposible no rasguñarse y hay que ser paciente, pero con pasión todo es posible y quienes lo ven, saben que es un oficio que no debería morir con el tiempo” finalizó esta alegre emprendedora.

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