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Columnista

45 años, llegar al entretiempo de la vida

Ariel Jeria

Gerente general de Rompecabeza

por Ariel Jeria

Un partido de fútbol dura 90 minutos. A los 45, el árbitro pita el entretiempo, no el final. Los jugadores no se van a la casa, no dejan de entrenar la semana siguiente. Van al camarín, ajustan el sistema y salen a jugar el segundo tiempo con la misma seriedad con que jugaron el primero.

Yo llegué a mi propio entretiempo hace poco, y lo pienso justamente así. No soy sociólogo ni experto en salud, pero sí tengo algo de experiencia acumulada, y esa experiencia me dice que el segundo tiempo se juega distinto solo si uno decide seguir entrenando.

Hice mi MBA a los 39 años, compatibilizando con el trabajo. Pensé, como muchos, que ese título cerraba un ciclo de formación. Hoy, con la velocidad con que cambia la tecnología, esa idea me parece ingenua. Estoy tomando cursos de inteligencia artificial para aplicarlos en el día a día, no por curiosidad abstracta, sino porque quien no entiende estas herramientas hoy queda fuera de juego mañana. Y hago clases, charlas y talleres que, de paso, me obligan a mí mismo a mantenerme actualizado. Enseñar es una de las formas más eficientes de seguir aprendiendo, porque no hay espacio para improvisar frente a un grupo que espera respuestas.

Mi recomendación, es simple: sigamos preparándonos, porque queda mucho partido por jugar. Colegio, universidad, un primer trabajo, todo eso lo hicimos con seriedad porque el resultado importaba. No tiene sentido dejar de invertir en la cabeza justo cuando la tecnología está cambiando las reglas del juego más rápido que en cualquier otro momento de nuestra vida laboral.

Lo mismo pasa con la experiencia acumulada. Después de los 45 tenemos algo que a los 25 no teníamos, años de decisiones tomadas, errores corregidos, criterio formado. Ahí es donde la mentoría se vuelve valiosa, no como un gesto de generosidad, sino como una forma de seguir jugando con ventaja. Lo que uno aprendió en dos décadas puede acortar el camino a alguien que recién empieza, y de paso mantiene a quien mentorea conectado con las nuevas generaciones y sus formas de pensar.

Y después está la red de contactos, que es exactamente lo que recomiendo en el método AURA: activarla, no dejarla dormida. La red que se construyó durante los primeros 45 minutos del partido no sirve de nada guardada en un cajón. Sirve cuando se cultiva, cuando se le da movimiento, cuando se convierte en intercambio real y no en una lista de contactos de LinkedIn sin uso.

El error no es dejar de trabajar a los 65 ni bajar el ritmo del ejercicio a los 70. El error es tratar cada transición como una salida definitiva de la cancha, en lugar de un ajuste táctico dentro del mismo partido. El segundo tiempo merece el mismo nivel de planificación que el primero, no como una prórroga forzada de la juventud, sino como una etapa que también se entrena, se ajusta y se juega de igual a igual.

La pregunta es qué hacemos con los minutos que nos quedan en el reloj.

Ariel Jeria

Gerente general de Rompecabeza

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