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La Tribuna
Columnista

18-O: lo que no podemos olvidar

Macarena Brito

Directora regional IdeaPaís Biobío

por Macarena Brito

Este octubre la naturaleza no nos ha dado tregua. Lluvias, aluviones, temporales e inundaciones han golpeado a distintas ciudades del país. Y, como siempre, conmueve la solidaridad de los chilenos, que ante la adversidad, no dudamos en levantarnos y ayudar a quien lo necesite. Visto en perspectiva, a días de un nuevo aniversario del 18 de octubre, el contraste es difícil de ignorar. Frente a la adversidad, nos reconocemos como un solo país y hace siete años, en cambio, fuimos capaces de dividirnos hasta desconocernos.

Por aquellos días, el ambiente enrarecido y una serie de consignas fueron dando forma a un malestar real, alimentado por demandas muy diversas. Pero ese malestar terminó expresándose por medio de la violencia, como si fuera el único lenguaje posible. El problema no eran las múltiples demandas de las personas, muchas de ellas legítimas. El verdadero problema fue el camino que algunos eligieron para conseguirlas.

De una protesta a tomarse la calle, de la calle a tomarse la plaza y de la plaza a quemar iglesias, destruir el transporte público y el comercio, y, con ello, el esfuerzo de miles de chilenos. Queríamos vivir dignamente y nos arrebataron la dignidad para transformarla en consigna.

Cuesta creer que en aquellos días, cuando la violencia se recrudeció y cada uno se atrincheró en su propia causa, nos dividiéramos como sociedad y olvidáramos por un momento que somos un país unido y fraterno. Cuesta creer aún más que el discurso empleado por ciertos sectores para imponer sus ideas, haya sido el de avalar la violencia como método de acción política. Cuesta creerlo, pero ocurrió en octubre.

Hoy esa realidad no parece tan lejana ni tan superada. Lo vemos en la reactivación de las manifestaciones y, sobre todo, en hechos como la agresión que sufrió un grupo de estudiantes de la Pontificia Universidad Católica por parte de encapuchados durante una marcha convocada por la Confech. Inquieta la tibieza, cuando no el silencio, con que algunos sectores y dirigentes han reaccionado ante un hecho grave. La violencia siempre debe ser condenada, sin matices. En eso no podemos equivocarnos.

La gran lección que nos dejan estos siete años es que la democracia y el orden institucional nunca pueden darse por garantizados. La anomia tiene rostro, pero cubierto, y deambula por las calles esperando la oportunidad de volver a hacerse presente.

Para que nunca más se repita en Chile un 18 de octubre, necesitamos un acuerdo transversal. Uno en que las instituciones no dejen de escuchar ni servir a los chilenos, y desde la sociedad civil, comprometernos a participar del debate público con respeto a nuestra democracia y a quienes piensan distinto. Así podremos construir juntos el Chile que soñamos para nuestros hijos. Lo que jamás podemos volver a aceptar es que agredirnos entre compatriotas o destruir lo público y lo privado sea una estrategia legítima para arrancar acuerdos por la fuerza. El día que alguien se sienta con derecho a dañar a otro para conseguir lo que quiere, ese día gana la violencia y pierden los chilenos.

Macarena Brito

Directora regional IdeaPaís Biobío

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