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Columnista

No faltan hijos, faltan condiciones para criarlos

Carla Basoalto Flores

Docente de Trabajo SocialUniversidad Santo Tomás Los Ángeles

por Carla Basoalto Flores

Se encienden las alarmas por la baja tasa de natalidad y se advierte que pronto seremos una sociedad envejecida. ¿Pero en qué momento comenzaremos a hablar seriamente de las causas? Porque tener hijos no ocurre en el vacío. Ocurre en un contexto donde las mujeres siguen enfrentando castigos en su desarrollo profesional, donde la conciliación entre trabajo y familia es insuficiente y donde la corresponsabilidad en los cuidados continúa siendo más discurso que realidad, en la que las madres se ven obligadas a asumir los cuidados y los padres aún pueden tener elección.

¿En qué momento se supone que debemos criar?  Muchas madres trabajadoras cuentan con apenas 15 días hábiles de feriado legal al año, mientras los niños, niñas y adolescentes tienen cerca de 50 días de vacaciones. La solución habitual es tercerizar los cuidados. ¿Y quiénes asumen mayoritariamente esas tareas? Otras mujeres: abuelas, tías, cuidadoras, trabajadoras domésticas. Es decir, el sistema sigue sosteniéndose sobre el trabajo de cuidado femenino, muchas veces invisible y poco valorado, que sigue perpetuando las desigualdades de género.

A esto se suma un cambio generacional profundo. Hoy existe una mayor conciencia sobre las necesidades de la infancia. Ya no se trata únicamente de cubrir gastos económicos; sabemos que nuestros hijos e hijas requieren tiempo, presencia, acompañamiento emocional y vínculos significativos. Muchas madres y padres buscan además romper patrones heredados y construir formas de crianza más respetuosas y presentes. Sin embargo, las exigencias laborales y la falta de apoyo institucional convierten ese objetivo en una fuente permanente de tensión y culpa. Sumemos a esto que se promulgó una Ley de conciliación familiar, sin embargo, queda al criterio de los empleadores, entonces, ¿cómo esperamos que la tasa de natalidad suba?

Por eso, antes de lamentar la caída de la natalidad, deberíamos preguntarnos qué tan amigable es nuestra sociedad con quienes deciden tener hijos. Mientras no existan políticas públicas efectivas para conciliar trabajo y familia, sistemas de cuidado robustos, mayor corresponsabilidad de género y condiciones laborales que reconozcan la crianza como un aporte social y no como un problema individual, difícilmente esta tendencia cambiará.

Tal vez el problema es que hemos puesto el foco en los números y no en las personas. Nos preocupa cuántos niños nacen, pero mucho menos cómo viven. Nos inquieta el envejecimiento de la población, pero no siempre la infancia vulnerada. Mientras discutimos proyecciones demográficas, miles de niños y niñas siguen esperando entornos seguros, vínculos estables y oportunidades reales de desarrollo. Si queremos hablar del futuro del país, comencemos por mirar a quienes hoy necesitan cuidados, protección y presencia. La infancia no puede ser solo una cifra en una estadística ni la natalidad un indicador económico. Debe ser, ante todo, una prioridad ética y política

Quizás la verdadera crisis no sea la falta de nacimientos sino nuestra incapacidad de cuidar, proteger y acompañar a las niñeces que ya existen. Y además seguimos esperando que las familias, y especialmente las mujeres, asuman en solitario una responsabilidad que beneficia a toda la sociedad.

Carla Basoalto Flores

Docente de Trabajo Social

Universidad Santo Tomás Los Ángeles

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