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La Tribuna
Columnista

El eslabón que falta en la reactivación del Biobío

Roger Sepúlveda Carrasco

Rector Universidad Santo Tomás Región del Biobío

por Roger Sepúlveda Carrasco

El Gobierno Regional presentó hace pocas semanas el plan "Juntos Reactivamos Biobío": más de treinta y dos mil millones de pesos para generar tres mil empleos antes de fin de año. Es una decisión acertada y oportuna. La región cerró el trimestre febrero-abril con una desocupación de 9,8%, tras marcar 10% a comienzos de año, la más alta del país, con una informalidad cercana al 30%. Frente a esa urgencia, mover recursos, obras e inversión es lo que corresponde.

Y sin embargo, quisiera plantear una pregunta que suele quedar fuera de estos anuncios: ¿quién forma a las personas que ocuparán esos empleos, y quién las prepara para los que vendrán? Un plan de reactivación moviliza inversión, pero el empleo sostenible depende de algo que ningún subsidio compra de un día para otro: capital humano pertinente. Y ahí la educación superior tiene mucho que aportar, si se le convoca a tiempo.

La articulación que la región necesita tiene cuatro vértices que rara vez se sientan juntos a diseñar: la universidad, que aporta investigación; los CFT e institutos profesionales, que forman el capital humano técnico que la reconversión exige; el Gobierno Regional, que orienta la inversión; y el sector productivo, que conoce la demanda real. Por separado, cada uno hace bien su parte y el resultado sigue siendo insuficiente; en red, alrededor de problemas concretos, aparecen los resultados. El desafío, además, es doble: con la natalidad en descenso, la región no solo debe formar talento, sino atraerlo y retenerlo. Formar bien y ver partir a los jóvenes es una fuga que el Biobío no puede permitirse.

El eslabón que falta es incorporar de manera estable a la formación técnico-profesional en ese diseño. No por gremialismo, sino por una razón práctica: la reconversión del Biobío no puede esperar ciclos largos. Los CFT e institutos, que concentran cerca del 45% de la matrícula nacional de educación superior, formamos en dos o tres años, con currículum ajustable y anclaje local, y llegamos a los estudiantes de las comunas más golpeadas por el desempleo.  La experiencia del País Vasco lo confirma: allí una formación técnico-profesional ligada a la industria fue pieza central del cambio de su matriz productiva, y hoy figura entre las regiones de mayor renta per cápita de España.

La buena noticia es que ya existe un espacio para esta articulación. La Estrategia Biobío 2050 ordena el desarrollo en pilares participativos, y uno de ellos, dedicado al desarrollo de talentos, se propuso un objetivo tan simple como ambicioso: que esta sea la mejor región para formarse, vivir y desarrollar los talentos que impactan en Chile y el mundo. Ese es el lugar donde universidades, formación técnico-profesional, Gobierno Regional y empresa deben encontrarse, no para ejecutar por separado, sino para diseñar juntos.

El desafío, entonces, no es de voluntad ni de capacidades. La región tiene instituciones sólidas, talento y experiencias que demuestran que el trabajo conjunto rinde. Lo que ha faltado es sostener un diseño que convoque a todos los actores desde el inicio y no solo al ejecutar. Si los empleos que hoy se buscan crear han de ser trayectorias y no un alivio pasajero, la respuesta está en articular la formación, la inversión pública y la demanda productiva en torno a los problemas reales del territorio. Esa es la tarea pendiente, y la mayor oportunidad del Biobío.

Roger Sepúlveda Carrasco

Rector Universidad Santo Tomás Región del Biobío

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