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Columnista

Cuando la escuela cierra, ¿quién abre las puertas a la familia?

Claudia Hurtado

Abogada SOMOS Mujeres por Chile.

por Claudia Hurtado

Hace unos días leí dos columnas que, desde miradas distintas, terminaban haciéndonos la misma pregunta. Una se titulaba ¿La escuela se cerró?; la otra, La familia y las vacaciones. Ambas me dejaron pensando en algo que muchas veces pasa desapercibido: hablamos mucho de educación, de cuidados, de conciliación entre el trabajo y la vida familiar, pero muy poco de la familia misma. Como si diéramos por hecho que siempre estará ahí, sosteniendo silenciosamente todo lo demás.

Basta que lleguen las vacaciones de invierno para que esa realidad aparezca con fuerza. Mientras los niños celebran el último día de clases, miles de padres y madres comienzan a sacar cuentas. ¿Quién cuidará a los hijos la próxima semana? ¿Podré pedir permiso en el trabajo? ¿Habrá alguien de confianza que pueda acompañarlos? Para muchas familias, especialmente aquellas donde hay solo una madre o un padre a cargo del hogar, las vacaciones no representan descanso, sino una preocupación adicional.

Pero no ocurre únicamente durante las vacaciones. También sucede cuando un niño se enferma y hay que salir corriendo del trabajo para ir a buscarlo. Cuando el jardín infantil cierra antes de que termine la jornada laboral. Cuando la reunión de apoderados es a media tarde y resulta imposible asistir sin pedir permiso. Cuando un padre llega a casa y sus hijos ya están durmiendo porque el tiempo entre el trabajo y los traslados simplemente no alcanza.

Nos hemos acostumbrado a vivir así. Corriendo de un lugar a otro, cumpliendo horarios, respondiendo mensajes, resolviendo urgencias. Sin darnos cuenta, la conversación durante la comida se reemplaza por las pantallas; la once en familia se transforma en un trámite rápido; el fin de semana se llena de compromisos pendientes. Cada día compartimos menos tiempo con quienes más queremos.

Y, sin embargo, es precisamente en esos espacios sencillos donde la familia cumple su mayor misión. No en los grandes discursos, sino en las cosas pequeñas: conversar sin apuro, acompañar una tarea, escuchar cómo estuvo el día, preparar juntos una comida, salir a caminar o simplemente sentarse a la mesa. Es ahí donde los niños aprenden a confiar, donde encuentran contención, donde se sienten seguros y queridos.

Nuestra Constitución señala que la familia es el núcleo fundamental de la sociedad. Es una afirmación profunda, pero vale la pena preguntarnos si nuestras decisiones cotidianas realmente la reflejan. Porque cuando organizamos los horarios, el trabajo, la educación o los servicios sin considerar cómo viven hoy las familias, terminamos dificultando justamente aquello que decimos proteger.

Las familias de hoy son diversas. Hay familias monoparentales, reconstituidas, extendidas y muchas otras formas de construir un hogar. Todas comparten una misma necesidad: tiempo para encontrarse. Porque ninguna política pública podrá reemplazar el abrazo de un padre, la conversación con una madre o el espacio donde una familia comparte, se contiene y se acompaña.

Quizás ha llegado el momento de volver a mirar la familia, no como un concepto abstracto, sino como la realidad cotidiana de millones de personas que hacen enormes esfuerzos por cumplir en el trabajo sin dejar de estar presentes para sus hijos. Tal vez necesitamos preguntarnos con más frecuencia si las decisiones que tomamos como sociedad fortalecen a la familia o, por el contrario, la van debilitando poco a poco.

Porque cuando se cierra la escuela, la preocupación no termina: recién comienza para muchas familias. Y si seguimos organizando nuestra sociedad sin considerar sus tiempos, sus necesidades y sus desafíos, corremos el riesgo de que no solo se cierren las puertas del colegio durante las vacaciones. También, lentamente, se vayan cerrando los espacios para compartir en familia. Y cuando eso ocurre, perdemos mucho más que horas de convivencia: debilitamos el núcleo fundamental de nuestra sociedad.

Claudia Hurtado, abogada

SOMOS Mujeres por Chile.

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