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La Tribuna
Columnista

Competitividad 2026: el avance estructural que no alcanzó

Felipe Rifo

Académico Ingeniería Comercial Universidad Santo Tomás Los Ángeles.

por Felipe Rifo

En el mes de junio se publicó la nueva edición del Ranking de Competitividad Mundial del International Institute for Management Development (IMD) de Suiza, y Chile retrocedió un lugar: del puesto 42 al 43 entre 70 economías. Seguimos liderando América Latina, pero el dato confirma un estancamiento en el tercio inferior de la tabla, lejísimos del puesto 19 que alcanzamos en 2005. La tentación es leerlo como un mal año más. Conviene, en cambio, mirar el tablero por dentro.

Este retroceso da luces, nuevamente, de las debilidades internas de nuestra economía. Tres de los cuatro pilares evaluados mejoraron: eficiencia del gobierno subió seis lugares (al 24), eficiencia de los negocios cinco (al 38) e infraestructura uno (al 47). Avanzamos en política fiscal (del 39 al 32), marco institucional (del 33 al 27), mercado laboral (del 28 al 23) e infraestructura básica, con un salto de trece puestos hasta el lugar 23. Es decir, los cimientos estructurales —los que se construyen con años de esfuerzo sostenido— mejoraron. Y, aun así, bajamos.

¿Qué nos arrastró? Por un lado, el pilar más cíclico, el desempeño económico, revirtió: empleo cayó del 47 al 55 y economía doméstica del 44 al 50. Por otro, una señal mucho más preocupante: la infraestructura tecnológica se desplomó ocho lugares, del 37 al 45. Justo la dimensión digital, donde se juega la competitividad del futuro, fue la que más retrocedió.

La lección estratégica es nítida. La competitividad se decide en lo estructural, no en lo cíclico; pero ni siquiera el avance estructural basta cuando se abre un flanco nuevo. El propio IMD enmarca así su informe de este año: en un mundo fragmentado, la ventaja la tienen las economías con instituciones creíbles y reglas previsibles. Chile posee ese activo, pero corre el riesgo de dilapidarlo en el terreno tecnológico, que es donde se construirá la riqueza de la próxima década.

No por casualidad, los cinco desafíos que el informe fija para Chile apuntan precisamente ahí: simplificar la regulación para acelerar la inversión, escalar la adopción de inteligencia artificial y la alfabetización digital, ampliar los servicios de cuidado para elevar la participación laboral femenina, llevar la IA al aula e incrementar el gasto en I+D con colaboración entre universidades y empresas. Son, en rigor, una hoja de ruta de productividad y capital humano.

Aquí el ranking conversa con la agenda económica del gobierno del Presidente Kast, pero con una tensión que no puede ignorarse. La rebaja tributaria, la reintegración y la reducción de la permisología dialogan bien con el primer desafío. Sin embargo, los otros cuatro desafíos, digitalización, inteligencia artificial, capital humano e I+D, no se resuelven con menos impuestos ni menos trámites, y precisamente ahí el gobierno envía señales preocupantes. Al Ministerio de Ciencias y Tecnología se le ha reducido presupuestos, eliminado becas de formación al capital humano avanzado, y se ha tendido a evaluar el impacto de la investigación en la generación a corto plazo de empleos, sin considerar su naturaleza acumulativa: los retornos de la ciencia no se miden en un ciclo presupuestario. Exigir productividad sin financiar el conocimiento que la produce es una contradicción que el ranking, tarde o temprano, registra.

El verdadero desafío de cara a 2027 no es elegir entre atraer inversión o financiar conocimiento: ambas son caras de la misma moneda. Chile tiene la credibilidad institucional para aspirar a mucho más que el primer lugar en una región rezagada. Pero esa aspiración exige coherencia entre lo que el ranking diagnostica, lo que el gobierno declara y lo que el presupuesto financia. Sin esa coherencia, seguiremos administrando un buen lugar relativo mientras la distancia con nuestra propia frontera histórica se hace cada vez más difícil de explicar.

Felipe Rifo, Académico Ingeniería Comercial Universidad Santo Tomás Los Ángeles.

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