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La Tribuna
Columnista

Rescatar el tiempo

Pedro Villarino Fresno

Profesor investigador de Faro UDD.

por Pedro Villarino Fresno

Hoy se cumplen 155 años del nacimiento de Proust, y el tiempo perdido no hace sino recobrar su presencia. Amparada en la sensata demora que hurguetea, paciente, en los recovecos de Cronos, su obra se proyecta como un topo abocado a la excavación de la memoria: búsqueda que anhela rescatar lo ya ido, consciente de que volver a lo vivido no pasa por una voluntad que se limita a ordenar escenas actuadas.

Recordar, para Proust, es una reconstrucción emocional que tiene un componente involuntario significativo. Infructuoso es todo intento por controlar la navegación al pasado, y ante la marea de datos, el novelista nos recuerda en La Prisonnière que la exploración verdadera no consistirá tanto en buscar paisajes, sino en mirar con otros ojos. El poeta T.S. Eliot llegará al mismo puerto: la esencia de todo peregrinaje, volver a ver las cosas por primera vez, supone un regreso al inicio, al santo decir sí de la inocencia que canta el niño del Zaratustra. Ante una cronología lineal que destruye y envejece, sólo el arte y la memoria serían capaces de vencer a la muerte y al tiempo.

En un tiempo mareado de tanto creer que la vida está en otra parte, el murmullo de la reflexión no pasa desapercibido: de nada sirve viajar y conocer mundo si al volver a nuestra Itaca seguimos contemplando el jardín por las mismas ventanas. El regreso exige mirada limpia: sea degustando una magdalena remojada o caminando entre adoquines desiguales, el pasado reverberará con el ímpetu súbito propiciado por sensaciones fortuitas.

Algo análogo busca Phillipe Claudel en Aromas: él también desea rescatar de su memoria momentos vividos, pero a través del poder evocativo de los olores que lo han acompañado a lo largo de la vida. La misma excavación que con ojos de hondura Proust nos ofrece: una salvación del olvido que permite experimentar, aunque efímero y fugaz, el origen de la primera vez, libre de la erosión que van esculpiendo los relojes.

La vigencia y pertinencia de esta vuelta no hace sino enraizarse, más aún en este presente que busca, extraviado, congeniar su asfixia de cosas y compromisos con la consiguiente ansiedad que supone reconocerse falto de tiempo. El entusiasmo por consumir YOLO (You Only Live Once) y FOMO (Fear Of Missing Out), conlleva, contraintuitivamente, el efecto contrario al buscado, puesto que el valor eterno del instante supone una renuncia antes que un afán por estar y tener bajo control.

Parte de la profundidad que suscita Proust es que nos permite reconocer el valor de eternidad que encierra cada instante. De allí la importancia que cobra el arte para él, puesto que solo a través de él y la literatura se puede recuperar la esencia de toda experiencia, logrando una victoria, efímera, sobre la fugacidad de la existencia.

Sólo entonces el momento presente se erige en eternidad absoluta.

Pedro Villarino Fresno, profesor investigador de Faro UDD.

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