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La Tribuna
Columnista

Comunicar y gobernar

Fernanda García

Jefa editorial de Faro UDD

por Fernanda García

Los primeros meses de un gobierno suelen estar marcados por una tensión inevitable: instalar prioridades mientras se aprende a gobernar bajo escrutinio permanente. En ese contexto, la comunicación no es un asunto accesorio. Es una dimensión de la autoridad democrática: ordena expectativas, explica decisiones y muestra que detrás de cada anuncio existe un criterio de gobierno.

En el caso del actual Gobierno, hay aciertos que conviene reconocer. Ha intentado poner en el centro preocupaciones presentes en la vida cotidiana: seguridad, empleo, reactivación económica, listas de espera, sala cuna y familia. También ha buscado vincular la agenda social con problemas de largo plazo, como la baja natalidad y las dificultades económicas, laborales y habitacionales que enfrentan muchas personas para formar una familia. Ese esfuerzo por conectar políticas públicas con experiencias concretas es valioso en un país cansado de debates abstractos.

Por eso la comunicación requiere cuidado. Cuando se instala un tema sensible, como familia o natalidad, no basta con formular un diagnóstico general. Es necesario anticipar preguntas: qué se entiende por familia, qué lugar tendrán las distintas realidades familiares, cómo se abordarán asuntos como infertilidad, reproducción asistida o gestación subrogada, y cómo se compatibilizarán las convicciones éticas del Gobierno con la diversidad existente.

El debate en torno al Plan Chile Renace es aún incipiente pero anticipa esta tensión. La ministra María Jesús Wulf planteó una preocupación legítima: la baja natalidad y los obstáculos que enfrentan quienes desean tener hijos. Sin embargo, las cartas al director aparecidas después evidencian que el anuncio abrió flancos previsibles. Algunos leyeron la iniciativa como insuficientemente clara frente a la reproducción asistida; otros la conectaron con debates sobre diversidad de familias y gestación subrogada. No sabemos si la controversia era asumida por el Gobierno o lo toma por sorpresa. Pero en cualquier caso, deja una lección: los anuncios necesitan mapas de riesgo comunicacional.

Esto no significa evitar temas difíciles. Al contrario, gobernar exige abordarlos. Pero una buena comunicación debe distinguir entre instalar una prioridad y dejar que otros definan el marco del debate. Si el Gobierno quiere hablar de familia como espacio de cuidado, apoyo y pertenencia, debe explicar qué políticas promoverá, qué límites defenderá y cómo evitará que la discusión derive en caricaturas. El desafío no es solo comunicar más, sino comunicar mejor. Un gobierno muestra fortaleza no cuando elude objeciones, sino cuando las anticipa, las procesa y responde con argumentos.

Fernanda García - Faro UDD

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