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Columnista

Acompañamiento interdisciplinario para personas autistas y sus familias en catástrofes

Dra. Yasna Anabalón

por Dra. Yasna Anabalón

En el contexto chileno, los incendios forestales y otras catástrofes socioambientales no solo interrumpen territorios: interrumpen historias de vida. Las pérdidas exceden lo material y afectan el sentido de pertenencia, continuidad de la vida cotidiana y la confianza en el futuro.

En este escenario, toda respuesta de emergencia y reconstrucción que omita la dimensión emocional y la diversidad humana resulta insuficiente y profundiza la vulneración. Por ello, el acompañamiento interdisciplinario, con enfoque de derechos, debe asumirse como componente estructural de la respuesta pública, especialmente cuando se trata de personas autistas y neurodivergentes, para quienes la crisis suele intensificar barreras preexistentes, y por este motivo requieren contención, escucha activa, empatía y comunicación accesible.

Una respuesta interdisciplinaria se podría organizar en tres fases articuladas: emergencia inmediata (acción a corto plazo) con estabilización, seguridad, información clara, accesible y reducción de daño. En el mediano plazo, establecer continuidad de apoyos implicando reordenamiento de rutinas, restitución de servicios esenciales, entre otros. Y en el largo plazo implementar una reconstrucción integral con recomposición de redes y restitución de derechos.

En el caso de las personas autistas, estas fases son críticas porque la catástrofe impacta simultáneamente el entorno físico y relacional: hay cambios abruptos, sobrecarga sensorial, ruptura de apoyos habituales, pérdida de espacios de calma y comunicación social acelerada.

Desde un enfoque neurodivergente, esto no debe interpretarse como falta de adaptación, sino como el efecto acumulado de entornos no accesibles. Por tanto, acompañar en una emergencia exige intervenciones de baja demanda, altamente estructuradas, con ajustes razonables y respeto por las formas de comunicación y autorregulación.

En contextos de emergencia, el acompañamiento a personas autistas requiere comunicación clara y predecible, mediante mensajes breves, literales y por pasos, idealmente con apoyos visuales, evitando ambigüedades. Sostener rutinas mínimas (alimentación, higiene, descanso) y anticipar cambios actúa como factor protector; mientras que el respeto por la autorregulación, evitar intervenciones coercitivas, favorece la estabilidad. Finalmente, la asistencia a cuidadores es esencial: contención, orientación y redes de relevo para que la sobrecarga no recaiga únicamente en una persona.

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