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Columnista

La gestión ya no puede esperar

Carlos Migliardi

por Carlos Migliardi

Durante años hablamos de transformación digital como si fuera una iniciativa puntual: un proyecto con inicio y cierre definidos. Hoy esa mirada resulta insuficiente. La gestión empresarial se desarrolla en un entorno donde las decisiones deben ejecutarse con rapidez y donde la capacidad de adaptación es permanente: la digitalización se convirtió en una condición estructural para competir.

En un escenario de mayor competencia y presión por eficiencia, revisar la forma en que operan las organizaciones dejó de ser opcional. Integrar procesos administrativos y comerciales no solo mejora el orden interno, también genera resultados concretos. Diversos estudios de digitalización y automatización muestran que las empresas que unifican sus procesos en un solo sistema reducen entre un 25% y un 30% los errores operativos y mejoran en más de un 25% su eficiencia administrativa. Además, la centralización de la información permite disminuir hasta en un 40% el tiempo destinado a búsquedas y validaciones de documentos. Son mejoras que impactan directamente en productividad, costos y capacidad de respuesta.

El desafío no radica únicamente en contar con herramientas tecnológicas, sino en la forma en que se incorporan a la operación diaria. Durante años, la adopción de software empresarial implicó procesos extensos de evaluación, implementación y puesta en marcha. Ese esquema responde a un contexto donde la tecnología requería altos niveles de personalización y acompañamiento. Hoy el entorno exige modelos más ágiles, que permitan a las empresas comenzar a operar en plazos mucho más acotados y con mayor autonomía.

La variable tiempo se volvió determinante. Cada demora en ordenar procesos, integrar información o automatizar tareas implica mantener ineficiencias que afectan la toma de decisiones. Por eso, los modelos de adopción inmediata y autoimplementación están ganando espacio: reducen barreras de entrada y facilitan que las organizaciones concentren sus esfuerzos en gestionar y crecer, en lugar de destinar meses a implementar sistemas.

A esto se suma la incorporación de inteligencia artificial como soporte a la gestión. Su aporte es significativo cuando está integrada a procesos estructurados y datos consolidados. La IA puede facilitar análisis, anticipar tendencias y simplificar tareas operativas, pero requiere una base sólida de información organizada para generar valor real.

El impacto también se refleja en la relación con los clientes. De acuerdo con estudios de experiencia de usuario, el 88% de los clientes tiene alta probabilidad de volver a comprar cuando percibe una experiencia positiva y consistente. Esa consistencia depende en gran medida de la calidad de la gestión interna: seguimiento ordenado, trazabilidad de interacciones y disponibilidad de información en tiempo real. La gestión deja de ser un asunto exclusivamente administrativo y pasa a incidir directamente en los resultados comerciales.

Estamos frente a una evolución en la manera de entender la gestión empresarial. Las soluciones tienden a ser modulares, integradas y de rápida activación, acompañando el ritmo del negocio y adaptándose a su crecimiento. La digitalización ya no se limita a incorporar herramientas, sino a rediseñar la forma en que se coordinan procesos, se toman decisiones y se ejecuta la operación diaria. Las empresas que comprendan esta dinámica estarán mejor preparadas para sostener su competitividad en el tiempo.

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