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La Tribuna
Columnista

La otra herida de los incendios: la infancia

Erik Álvarez Mabán

Académico del Departamento de Ciencias de la Enfermería
Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC)

por Erik Álvarez Mabán

Ante situaciones traumáticas como las registradas recientemente por los incendios forestales, las familias son afectadas en todas las dimensiones humanas. Habitualmente, las afectaciones físicas y la zozobra social provocada por estas catástrofes acaparan la primera atención.

Sin embargo, esta preocupación inicial no debe dejar de lado otros aspectos propios de la persona humana como lo psicológico y espiritual. Especialmente, hay que poner atención al caso de los niños que, por verse despreocupados, alegres, jugando, parecieran estar ajenos a la situación de sufrimiento y preocupación general. Sin embargo, los pequeños requieren de un cuidado continuo que abarque estos aspectos, no tan solo para enfrentar lo contingente, sino porque de situaciones como estas, los seres humanos sacamos lecciones para toda la vida.

Comience por tener en cuenta el dejar de suponer que por su edad no tienen conciencia de lo que pasa a su alrededor. Los adultos deben mantenerse cercanos, conectados, con una actitud calmada, proporcionando una presencia constante y escuchando al niño o niña, sin presionarles a relatar lo ocurrido, validando sus emociones con respeto y sin juicios.

La explicación de los hechos debe ser clara y acorde a la edad, evitando detalles que puedan intensificar el malestar. Hay que enseñarles a reconocer sus emociones y expresarlas, felicitándolos cuando lo hagan. Dentro de la gestión del cuidado, es clave observar de manera sistemática los cambios en el comportamiento, el sueño, el apetito y el estado emocional, así como ofrecerles estrategias de regulación como el juego, el dibujo, la respiración pausada, interactuar con mascotas y el contacto afectivo.

En lo espiritual el adulto debe proporcionar seguridad y transmitirle esperanza, ayudarle a imaginar el futuro de forma positiva. Hablar sobre sus creencias y del valor de la familia, retomando sus hábitos religiosos como orar, cantar, compartir con sus líderes espirituales y participar en el culto comunitario cuando tengan la oportunidad. La idea es proporcionarles una oportunidad para ir encontrando el significado a este tipo de experiencias propias de la vida humana.

Erik Álvarez Mabán

Académico del Departamento de Ciencias de la Enfermería

Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC)

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