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La Tribuna
Columnista

Piedras y justicia

Mario Ríos Santander

por Mario Ríos Santander

Doña María Eduviges, (me guardo el apellido), a sus 70 años, descendía de una de las tantas alturas de lomas que rodean Diuquín. La acompañaba su hijo menor. De pronto, en la vuelta del camino, se encuentra con una pelea de un "hombrón" grande, y un chiquillo de poquito más de 15 años, que con un esfuerzo sobre humano, se defendía como podía.  El "hombrón", que gritaba cuanto denuesto existe en la ordinariez chilena, saca de pronto un cuchillo y lanza una cortada al vientre del pobre muchacho, alcanzándole en las cortillas. Saltó la sangre. Bastó esto para que doña María Eduviges, corriera cerro abajo, recogiendo de paso una piedra grande, pesada, la misma que al llegar al lugar de la pelea, se la plantó en la cabeza del "hombrón", cayendo al suelo, inconsciente. Luego, se sacó el delantal y cubrió la herida del muchacho que, espantado, trataba de detener la sangre. No conforme con tanto "ajetreo", ordena a su hijo: "Busca una pita para amarrar al desgraciado.., si es que aún sigue vivo". El hijo, se acerca al "hombrón" y comprueba que está vivo. "¡¡Está vivo!!", anuncia entre preocupado y complicado. Cerro arriba había visto junto a una casa una mata de pita, acelera el paso para amarrar al inconsciente. Vuelve y junto a su madre, anudan su cuerpo entero, incluyendo los pies y ahí lo dejan. Luego corre el hijo al pueblo en busca de auxilio para el joven. Del "hombrón" poco se interesan, "Debí haberlo matado a este desgraciado", fue la opinión final de doña María Eduviges. Minutos después, llegaban refuerzos. Una camioneta se llevó al joven a la posta y el "hombrón" que daba los primeros síntomas de volver de su subconsciente, poco entendía la razón de sus manos y pies amarrados. Se fue la camioneta con el joven y doña María Eduviges, junto a tres mujeres que se quedaron para la "copucha", observaban ese robusto cuerpo que se retorcía del dolor de cabeza. Media hora después, entre forcejeo y nuevos denuestos, llegaron los Carabineros de Laja y se lo llevaron, amarrado, tal cual estaba. Doña Eduviges siguió su camino. Al llegar a Diuquín, los vecinos la aplaudían. Uno de ellos, en medio de la euforia, le gritaba, "¡¡Está clarito, por la razón o la fuerza!!".

En Diuquín el primer Derecho Humano es cuidar la paz. También la vida. Poco importan las opiniones o determinaciones del Poder Judicial o del Ministro tal o el otro, cual. Aquí la naturaleza, funciona. Es decir, la suma de verdades de lo que es el ser humano, su defensa, protección al más débil y disposición a hacer cumplir las reglas que esa misma naturaleza le impone a cualquier sociedad. Doña María Eduviges, con genio ligero, al decir de muchos, le gustaban que las cosas "fueran derechitas". Falleció hace cinco años a los 92 años. Enferma como estaba, sus órdenes fueron las mismas y la capacidad de conocer todos los detalles de la vida, estuvieron incólumes.

Viene a mi memoria una infame frase de Simón Bolívar: "Si se opone la naturaleza, lucharemos y la haremos que nos obedezca". Lo peor es que Maduro en su infinita torpeza, hizo que se escribiera con letras de bronce en un muro de Caracas. Le hizo falta conocer a doña María Eduviges.

Mario Ríos Santander

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