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Opinión

¡Un maravilloso país el nuestro!


 Por Prof. Pdgo. Juan Manuel Bustamante Michel
Secretario de la AFDEM Los Ángeles

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Como lo hemos sostenido en oportunidades anteriores, todo cuanto pueda decirse acerca de la denominada Deuda Histórica que ha venido afectando a un no despreciable segmento de profesores de nuestro país (cerca de ochenta mil, poco más, poco menos, entre vivos y muertos), siempre será insuficiente, dada la magnitud del problema, toda vez que se trata de una deuda multimillonaria de 90 millones de pesos promedio por afectado, virtualmente impagable hoy por hoy y en permanente aumento, atendida la falta de voluntad política para su solución definitiva por parte de los distintos gobiernos que se han sucedido hasta ahora – el autoritario y los democráticos -, de los legisladores y de la más que evidente incompetencia de quienes han sido nuestros (como se auto definen) genuinos representantes.

La idea es que en esta ocasión no redundemos en un recuento más, como tantos otros que hemos llevado a efecto desde hace mucho tiempo – y por diferentes medios de comunicación y acciones – respecto de lo que ya se sabe acerca de los orígenes de la denominada Deuda Histórica, de quiénes fueron sus artífices y ejecutores (y sin siquiera imaginar sus brutales proyecciones futuras), del momento histórico en que tuvo su inicio y de las razones y objetivos que se tuvieron a la vista para su concreción.

En este caso, de lo que se trata es de dar cuenta, tal vez por enésima vez, de  las perniciosas consecuencias que tal hecho trajo consigo tanto a los ingresos mensuales de los profesores afectados (ya menguados desde el año 1974), como a sus pensiones luego de terminado su ciclo docente activo, mismas que, según opiniones de toda una diversidad de expertos en sistemas de seguridad social de todas las tendencias políticas, constituyen de suyo (con todas sus letras) vergonzosos ingresos de hambre para quienes, en su calidad de profesionales de la educación, lo dieron todo en beneficio de generaciones y generaciones de personas.

Situación que ha quedado demostrada, qué duda cabe, con aquellos profesores – ¡ancianos, por Dios!; ¡ancianos, como pueden ser los padres de cualquier residente de este país, incluidos los de las autoridades que cuentan con el poder constitucional suficiente para tomar, entre otras, las decisiones políticas, económicas y administrativas que sean menester para bien de todos! – que: (a) viven en situación de calle; (b) recolectan y venden cartones por doquier; (c) recogen frutas y verduras podridas en las ferias para tener algo con qué alimentarse; (d) cantan en las micros y en las plazas; (e) yacen postrados y sin más cuidado que el que su destino le permite; (f) permanecen hospedados en alguna residencia que en su momento se apiadó de ellos con cargo a una pensión con la que, por su vergonzoso y esmirriado volumen, no podrían pagar ni los costes totales de una semana de permanencia; (g) cumplen tareas de cargadores, aseadores o mandaderos en algún olvidado y humilde comercio de por ahí; (h) viven de la caridad callejera para comprar el pan del día; o (i) en el mejor de los casos, arriendan sus viviendas para quedarse en calidad de moradores circunstanciales en espacios de ambientes únicos y a mal traer, lejos de todo contacto con su realidad, a fin aumentar sus recursos y satisfacer, con ellos, sus requerimientos más básicas de seres humanos.

Frente a una lamentable e ignominiosa verdad como la que hemos descrito aquí – que linda en la morbosidad -, ¿qué se está esperando por parte del Estado para dar una definitiva y digna salida a esta justa demanda que se ha prolongado por más de cuatro décadas? ¿Es que no se tiene consciencia acerca de que los profesores que han sido afectados por la Deuda Histórica, adultos mayores todos ellos, van desde los 70 a los 85 años de edad? ¿O es que no se sabe, acaso, que a diario fallecen tres o cuatro profesionales de este grupo etario porque ya se les acabó su tiempo en este mundo? ¡Un maravilloso país el nuestro!

Prof. Pdgo. Juan Manuel Bustamante Michel

Secretario de la AFDEM Los Ángeles


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