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Opinión

El órgano definitivo


 Por Bryan Smith
Cientista Político.

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Si bien no existe un plazo límite para definir cuál y cómo será el camino que nos conduzca hacia una nueva – y buena – Constitución, el ánimo constituyente se ve soslayado por la crisis en seguridad pública, la situación económica, la aprobación del gobierno y, como si esto fuese poco, la política y su falta de acuerdos, que le suma un pelo más a la sopa, por lo tanto, es menester consagrar pronto un camino mancomunado hacia una nueva carta magna, pues el momento constitucional no ha pasado.

No ha pasado porque, si bien no es una lista de supermercado, un buen documento, que responda a los paradigmas del presente y venideros, puede ser un camino mucho más seguro hacia el futuro.

No ha terminado porque la gente sigue hablando en sus casas sobre la Constitución, como nunca en nuestra historia – a eso se le denomina momento constituyente – generando conciencia colectiva sobre la relevancia de dicho documento.

No ha terminado porque las demandas que – en su justa medida – levantaron el proceso, siguen vigentes y porque también, una nueva hoja de ruta, nos puede ayudar bastante en el abordaje de los problemas en boga.

Entonces, ¿qué falta?, pues un acuerdo.

Por un lado, están quienes plantean que es pertinente consagrar un órgano 100% electo, mientras que en los otros asientos de esta mesa están quienes plantean que este órgano no sea de elección popular sino designado por las fuerzas políticas, y también quienes plantean un órgano electo pero reducido, pero la contraposición de ideas en democracia es saludable, lo que no es saludable es la tozudez, la falta de humildad, los absolutismos y la pelea chica de todos los rincones de la política, quienes no están dispuestos a ceder ni un centímetro en sus posiciones, como ha sido la tónica de nuestra historia política. Pero la solución es bastante sencilla, tal como lo ha planteado el ex presidente de la Cámara, Raúl Soto, “el camino del medio puede ser el que nos lleve al éxito” aludiendo a encontrar en una “Convención Mixta” una salida saludable para nuestro país. 

Siguiendo la línea de Soto y los acuerdos establecidos, lo más probable es que el órgano “definitivo” sea 50% electo y 50% designado, y ya que el número a elegir es 78 – quizás 77 – el distritaje debería ser similar a las senatoriales, pero con adaptaciones pues el centralismo no solo afecta a Santiago – lo cual se resuelve con el distritaje senatorial – sino también en regiones, porque las capitales regionales con su concentración demográfica, no permitirían a las provincias elegir sus propios representantes, lo cual debe ser un incentivo para adaptar el modelo en favor de las provincias. Respecto a pueblos ancestrales, sus escaños deben ser equivalentes a su participación y que no quepa duda que la equidad de género es un acierto.

De más está decir que los márgenes establecidos en las reuniones y acuerdos políticos hasta ahora, deben sobrevivir, pues ciertamente buscan corregir – evitar – los errores de la primera convención. Y, por último, respecto a las personas designadas, la regla es mucho más sencilla… proporcionales a las fuerzas representadas en el Congreso y así tendremos un Órgano Definitivo.

Bryan Smith

Cientista Político.


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