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Opinión

En el regimiento


 Por Mario Ríos Santander

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La noticia de una tarde musical con cañonazos incluidos, sin duda que era muy atractiva. Se fijó las 18,30 hrs. su inicio. La verdad es que resolví asistir muy entusiasmado. Llegué a esta unidad militar a las 18 hrs. bastante adelantado, para tener un lugar de estacionamiento.  Era evidente que llegaría mucha gente.

Estacioné mi camioneta observando el numeroso público que iba llegando. Me gustó muchísimo ver a decenas o cientos niños de la mano de sus padres corriendo por amplios patios de pasto verde. De pronto un auto se detiene en el frontis de la entrada principal y desciende, con las dificultades que conocemos el concejal Zenón Jorquera.  El auto se aleja. Un conscripto le señala que, “las puertas están cerradas”. Don Zenón se espanta. Pongo en marcha mi vehículo y lo voy a buscar. Lo dejo en el ingreso del concierto. La gente seguía llegando. Los niños alborozados corriendo y riendo. Me incorporo a las sillas del público. Las seis primeras filas, repletas de papelitos con nombres. Me siento más atrás. Eran 18.10 minutos. Comienza una plática con los presentes muy entretenida. De pronto una voz por los parlantes. “No acercarse a los cañones ni tampoco sacarse fotos en su entorno, es peligroso”(¿?). Me asusté. Calculé que estaba a unos 15 metros del peligro. Supuse que no estallarían. Los militares en tenida de combate se movían entre la gente y cercanos al escenario. Uno de ellos, en sus manos, una bandera roja que la movía a cada instante. Nadie supo de qué se trataba. Eran las 18.30 hrs. El coronel de riguroso uniforme primaveral, guerrera blanca. Supusimos que se iniciaba la música al ver un grupo folklorista que entonó una conocida canción chilena. Sin embargo era eso no más. Volvió el silencio. Vimos nuestros relojes, eran las 19 hrs. Comenzaba el frío. Las señoras mayores se abrigaban. Una de ellas, dirigente social sin duda, levantó la voz, “que les apuesto que están esperando al alcalde… ese gallo siempre llega atrasado a todas partes. Yo me he pegado unos plantones esperándolo…”. Esta noticia impactó a unos 20 asistente que oyeron tal profecía. Muchos murmuraron, “la señora tiene razón…”. Eran las 19.15 hrs. Habíamos completado una hora sentados. El militar del micrófono volvió a levantar su voz, “Reiteramos que no se acerquen a los cañones, puede ser peligroso”. Miré de reojo el que estaba cerca mío e imaginé que estaban ahí por culpa de Chaikovski. A las 19,20 apareció la persona responsable de toda esta espera. La Delegada Presidencial Paulina Purrán.  Se había salvado Krause. La sentaron rápidamente y se aceleró todo. Nos pusimos otros abrigos. Volvimos a sentarnos.  Estábamos algo aburridos y con frío. Pensamos que saludaría y pediría disculpa por esta larga espera. No fue así. Su buena “pinta”, dio algún respiro a nuestra espera. Su pelo amarrado a modo de cola de caballo, alegre y su tenida moderna, levantó alguna “copucha” de aprobación.  Para la próxima, esperamos, que llegará a la hora.

Todo lo que siguió fue admirable.  Buena música y empeños de su banda por cada nota surgida de sus instrumentos.  La “primera parte”, terminó después de una hora de ejecución musical. Eran las 20,25 hrs. Resolví partir, ya era tarde y el frío nos empujaba. Me perdí los cañonazos que deben haber asustado a los niños ya cansados. Felicitaciones al Ejército por este encuentro angelino.

Mario Ríos Santander


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