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Opinión

Los camioneros


 Por Mario Ríos Santander  

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Es un gremio muy singular. No es antiguo. Aquel día de abril de 1963, el hasta ese momento tranquilo gobierno de Jorge Alessandri, sufría un embate que traería consecuencias insospechadas. Los ferrocarriles del Estado, columna vertebral de Chile en trasporte, carga y pasajeros, paralizaba el país durante 15 días. En efecto, los sindicatos ferroviarios, fuertemente politizados, que controlaban la vida laboral de 6000 trabajadores, decidieron, en una de sus tantas “luchas laborales”, no ceder ante la oferta de reajuste que les ofrecía su empleado, el gobierno. El caos en el país, fue enorme. El desabastecimiento se manifestó desde los primeros días. Miles de pasajeros, sin movilizarse y toneladas de carga detenidas. Los camiones, alternativa ferroviaria, eran muy escasa y recién se pavimentaba la carretera “panamericana” que, hasta el ascenso de Alessandri, en 1958, solo estaba pavimentada hasta Talca. Sin embargo, los escasos camiones requeridos por la población comenzaron a moverse en el marco de una escasa capacidad de carga. Meses antes, “Vía Sur”, audazmente el 9 de septiembre de 1962, llegaba por primera vez a Los Ángeles, exitosamente, con sus buses completos, con una frecuencia de tres buses semanales a la capital. Por esa fecha, ya se comentaba la negociación que enfrentaría el gobierno y que debía concluir antes del 1 de mayo de 1963.  Meses antes había concluido el mundial de futbol. Chile tercero en el mundo. La paz criolla que produjo ese mundial se había terminado. 15 días de huelga ferroviaria, era, en un símil actual, tres “estallidos sociales”. Es cierto que no se incendiaban iglesias, pero el desabastecimiento era de tales dimensiones que el daño a la familia superó cualquier cosa.

Los sindicatos ferroviarios, nunca alcanzaron a conocer en toda su profundidad lo que siguió después de la huelga. De partida, frente a una sola gran empresa de transporte del estado, surgieron miles de empresas de transporte, con el agravante para los ferroviarios, que sumaron miles de camioneros transportistas y mejor aún, el 85% de los conductores, eran propietarios de su camión. A ello se sumó la existencia de una vía ferroviaria, antigua en su estructura y más antigua aún, en su diseño. Así, sus líneas atendían servicios provinciales, tierra adentro, mientras el futuro del transporte estaba tierra afuera. En pocas palabras, poco pasajero y menos carga entre Linares y Talca, por poner un ejemplo, que rápidamente fue atendido por buses cuya estructura se fue modernizando y camiones eficientes se asomaron en un horizonte concluyendo en una presencia nunca imaginaba por esos sindicatos politizados en extremo que, siguieron por un tiempo más, convencidos que la huelga ferroviaria les otorgaba un poder superior al que podía tener el Presidente de la República. Fracasaron y el tren murió. No hubo tiempo ni disposición de rescatarlo. Las carreteras lo reemplazaron. Los Ángeles, nuestra comuna, pasó desde una estación ferroviaria en extremo modesta, a ser capital de la más numerosa flota camionera de Chile. Y en los pasajeros, de los dos servicios diarios de trenes que conectaban con Santiago a 75  buses diarios a la capital.

El 30 de Julio, los camioneros, tuvieron un representativo encuentro. Acogieron Los Ángeles, en primera instancia nacional. Hubo generales de Carabineros, subsecretarios de estado, la Universidad de Concepción, autoridades locales. Se anunció el inicio de una nueva carrera profesional. Hay que preparar 20 000 nuevos trabajadores del transporte.  Pero así como los sindicatos ferroviarios hundieron su empresa, nuestros comunicadores locales, marginaron su comuna. Nada informaron. La comentaremos más adelante.

Mario Ríos Santander  


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