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Opinión

La casa de la cultura… o ¿espacio nacional de las artes?


 Por Mario Ríos Santander

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El edificio construido en la segunda década de los años 30, ha tenido tres “remesones”. Los terremotos del 1939, el otro del 1960 y luego el del 2010. Y ahí está. De pronto algo abrumado. Se siente incómodo. Siente que molesta. Sus estructuras principales, inamovibles. Si hay debilidades éstas, son más bien muros divisorios que en cada terremoto hay que reforzarlos. Y con este teatro, hay que hacer lo mismo. Sin embargo, su mayor problema es la desidia municipal.  Doce años abandonado. El pasado Sábado, tal desidia se manifestó frente a todos.

Miguel Rivera, músico y empeñoso angelino, lleva años tras la reconstrucción de la Casa de la Cultura. Invitó a las autoridades comunales, regionales y otras personas, congregando un medio centenar de personas interesadas. Buena cosa. Me impresionó esta alta convocatoria. Enrique Krause Lobos, único consejero regional que respondió a la invitación. Lo mismo Eduardo Velásquez, concejal comunal. Cuando se le ofreció la palabra a Velásquez, lo aplaudieron con afecto. El, naturalmente que sintió el cariño de la gente. Se le pidió que encabezara municipalmente el proceso y el respondió, “sí, pero me tiene que acordar. Háganlo cada quince días porque tengo mucho que hacer”. Lo curioso es que lo volvieron a aplaudir. Antes de dejar el micrófono, invitó a los asistentes a que, “el martes vayan al Concejo, ahí me escuchan que voy a hablar de este proyecto. Pero, vayan cuando yo hable, y no antes porque las sesiones municipales que duran como dos horas, son una lata” (¿?).  Todo desidia. Malo, muy malo.

Pero fuera de estas anécdotas curiosas, vale a pena meditar algo más. Por de pronto, le insinué al Concejal que, “iríamos si es que retiraba su voto aprobatorio en la construcción de una, “pileta contemplativa”, por 280 millones de pesos y destinaban la mitad, 140 millones, al proyecto Casa de la Cultura”. No dijo nada. Se nos vino el recuerdo de la pelea del alcalde con el gobernador Fica, por el aeropuerto. No se quien ganó. Lo cierto es que se invirtieron $ 1 000 000 000, (mil millones), previo lobby comercial del alcalde con una línea aérea, resultado, nada. Primero había que extender la pista en 400 metros más. Todo mal invertido. Si ese mismo empeño hubiese sido con la Casa de la Cultura o con el Gimnasio para la Escuela Rep. de Alemania, todos estaríamos felices. Ahora con la Pileta Contemplativa, se margina la Casa de la Cultura y por cierto la Escuela Alemania.

Desidia, el peor pecado de la cosa pública.

¿Y qué opinará el Concejo? Otro misterio. La casa de la Cultura, enorme edificio patrimonial, está a la espera de su reconstrucción. Aquella “Identidad Angelina” levanta la voz. De pronto, algo de angustia al comprobar que la comunidad, acoge este asunto como algo marginal fortaleciendo de esta forma la desidia edilicia. Sin embargo, Miguel Rivera y muchos otros, apuestan por el arte, el mismo que por años se manifestó en esa Casa Cultural. La Corporación Cultural, también en silencio. Siento que el patrimonio hay que vivirlo para entenderlo y en las autoridades, muchas no conocen de su vida, tampoco imaginan nuestra historia en su haber personal, tienen compromisos con otras tierras. Lamentable.

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