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Opinión

¿Apruebo o rechazo?


 Por Alejandro Mege Valdebenito.

ALEJANDRO-MEGE

“Cuando la lucha entre facciones es intensa, el político se interesa no por todo el pueblo, sino por el sector a que él pertenece. Los demás son, a su juicio, extranjeros, enemigos, incluso piratas.”

Thomas Macaulay. Historiador y político británico.

En la Antigua Grecia el ser ciudadano era un privilegio y su participación en materias de Estado junto con ser un derecho era considerado una responsabilidad y un deber, no hacerlo lo transformaba en un personaje antisocial. En Chile, la condición de ciudadano cobra relevancia y se  identifica con la concepción de vida democrática y obliga a los mayores de 18 años a sufragar el día 4 de septiembre para pronunciarse por el apruebo o rechazo de la propuesta de Nueva Constitución elaborada por la Convención Constitucional, con una multa de 0,5 a 3 UTM a quienes no lo hagan. La elaboración de dicha propuesta no ha estado en el ambiente ciudadano, como entre los propios convencionales, ausente de controversias y acusaciones de distinto tipo, incluso de noticias falsas las que, si bien resultan habituales en la política pequeña, individualista y dogmática a que estamos acostumbrados, a los ciudadanos que consideran la genuina política como una actividad  ética y una  legítima herramienta democrática para resolver los problemas que son consecuencia de las desigualdades sociales e injusticias que sufren sectores importantes de la sociedad chilena, por ser la elaboración de la Nueva Constitución una oportunidad única para lograr un consenso en la diversidad de visiones de cómo debería ser la vida en nuestra sociedad y cómo construirla como un bien común y un punto de encuentro donde todos se sientan considerados en dignidad, deberes  y derechos, les resulta ser un acto de generosa  solidaridad y justicia que está por sobre intereses pequeños de personas o de grupos. Sin embargo, a poco andar, las manifiestas intenciones y el comportamiento de algunos convencionales resultó ser – especialmente para quienes observan la política como un fenómeno social que perciben lejano, incluso ajeno-diferente a lo que, con buena fe, muchos esperaban al momento de elegirlos y confiar en ellos como sus representantes en la construcción de unas sociedad más equitativa y justa, al redescubrir lo que se sabía,  que tras cada uno  operan las posiciones sustentadas por las diferentes corrientes ideológicas que influyen, direccionan su participación e imponen sus propuestas con la fuerza de  mayorías circunstanciales e interesadas que excluyen a las minorías. De ahí que, por lo que no se conoce, por falta de  conocimiento, de la propuesta de una Nueva Constitución por parte de la inmensa mayoría, no informada, para los convocados a votar apruebo o rechazo resulta ser una obligación ciudadana difícil por lo que se dejarán influenciar o  guiar, incluso por el temor, no por lo que saben  sino por lo que saben o dicen otros mejor informados o interesados en que se vote de una u otra manera o que el voto se anule.

De los más de 13 millones de ciudadanos habilitados para sufragar en esta ocasión, aquellos que se visibilizan cuando deben sufragar, habrá una mayoría silenciosa que lo hará sin conocer, por falta de información o de información tendenciosa el contenido de una Constitución que puede, si se aprueba, regir su vida por muchos años o, si se rechaza, haber perdido la oportunidad de construir una mejor sociedad y un futuro más digno porque en su contenido y redacción fueron impuestas visiones ideológicas particulares e intereses sectoriales en perjuicio del interés común. Así y todo, un ciudadano teniendo en su mano el arma más poderosa en una democracia, un modesto lápiz, va a decidir el destino de lo que pudo haber sido la mejor, más amplia, acogedora, generosa, fraternal y solidaria casa de todos solo porque se impusieron los intereses de unos pocos frente al deseo y esperanzas de miles.

En una sociedad, la falta de una educación integral, con formación cívica y ciudadana, con conocimiento de la política como una actividad propia de la vida en comunidad y con capacidad de decidir sí mismo llevó al historiador inglés Arnold J. Toynbee a decir: “El mayor castigo para quienes no se interesan por política es que serán gobernados por persona que si se interesan”.

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