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Opinión

Carta para el presente


 Por Bryan Smith.

Bryan Smith (20)

De niño, recuerdo que siempre que veía los Super Sónicos, me hacía la gran pregunta “¿Será así el futuro?” principalmente me cuestionaba “¿Cuándo será ese futuro?” porque lo creía posible, y me gustaba pensar que podríamos vivir en un mundo tan cómodo, tan ordenado, tan tecnológico, pues básicamente era todo lo que entendía por un “vivir bien”.
Esa pregunta me acompaño por años, hasta que comprendí que, para que suceda el futuro, además de correr el tiempo, es necesario construirlo día a día.
El presente es una suerte de ventana hacia el porvenir, porque de lo que hagamos hoy, cosecharemos los frutos del mañana. Y esto va más allá lo mero individual, es una premisa de la sociedad como un conjunto de personas con una voluntad intrínseca de mejor convivencia y, por lo tanto, mejor calidad de vida.
A esta altura se suponía que estaríamos más avanzados… o por lo menos eso creía de niño, cuando internamente me preguntaba por el futuro, pero no es así.
Nuestra sociedad aún transpira mucho pasado, y como no, si hay heridas y principalmente una deuda con la dignidad de nuestros pares, tan vigente como el dolor del periodo 70-89, que fracturó nuestro país.
Mientras unos sacan cuentas favorables y se llenan la boca hablando del progreso en términos macroeconómicos, otros lo niegan, como si nunca hubiésemos logrado la estabilidad que alcanzamos y que es tangible al compararnos con nuestros vecinos y todos los indicadores en los que vamos tan bien encaminados, sin ser capaces de mirarse con autocritica y dialogo.
El futuro de Chile está en juego y la división se ha transformado es el modus operandi de los actores políticos, lo cual podemos observar vívidamente en los dos candidatos que, según las encuestas, tienen más posibilidades.
Boric y Kast, encarnan las peleas ideológicas del Siglo pasado. Son básicamente el liberalismo económico y el socialismo enfrentándose nuevamente en Chile, pero con tintes valóricos que responden a sus bloques en el presente, un reaccionario y un liberal.
Ambos, como buenos profetas, prometen soluciones que no son capaces de otorgar, por la simple y vital razón de que sus proyectos ideológicos no conciben el dialogo como instrumento principal del buen gobierno. Sus miradas no se cruzan, al punto de que se alejan de la democracia pues la democracia moderna no es otra cosa sino el ejercicio constante de la convivencia mediante el dialogo y el respeto, pero, sobre todo, la autocritica y el reconocimiento de las fallas de nuestras teorías, las cuales pueden encontrar, en la medida de cada caso, solución en la visión de quien tenemos en frente.
No somos perfectos y tenemos mucho que avanzar. Pobreza, desigualdad, falta de oportunidades, corrupción al interior de las instituciones públicas, medioambiente, pensiones, salud, educación, etc. Por mencionar algunos de los puntos en los que, si bien hemos avanzado, el camino aún es largo, y nadie puede venir a decir: que no se ha hecho nada o que solucionará todo de un solo paraguazo porque no es verdad.
Los extremos no son una opción para un país verdaderamente consciente. Aún hay 16 días para meditar y pensar en futuro y no comprar las promesas de los caprichosos ideológicos que aún no comprenden que lo que Chile necesita es dialogo, respeto y, por lo tanto, un liderazgo dialogante y respetuoso… un líder del presente para el futuro.

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