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Opinión

Chile empático


 Por Felipe Garrido Jefe de carrera de Trabajo Social UST Los Ángeles

FELIPE GARRIDO

“No + Migrantes” consignaban varias de las pancartas en la manifestación que se produjo el pasado sábado 25 de septiembre en Iquique. El motivo de la marcha es poner en la palestra la crisis migratoria que esta viviendo la zona norte de Chile hace algunos meses de manera sostenida y exponencial en la cantidad de hombres, mujeres y niños que se exponen cruzando de manera informal las fronteras con Bolivia.

La localidad de Colchane ha sido la principal afectada por la masiva llegada de inmigrantes, produciéndose tomas de casas y espacios públicos de la comuna, poniendo en jaque los servicios públicos. El proceso continúa con la llegada de los migrantes a las ciudades cercanas y finalmente a Iquique.

La crisis migratoria en Chile ha tenido varios momentos en los últimos años, incluso previo a la pandemia del Covid- 19. Los países de origen de los migrantes hacia Chile también han cambiado desde los procesos colonizadores europeos a principio del siglo XIX, pasando por el éxodo de españoles y palestinos en diferentes momentos, hasta el retorno a la democracia en que los migrantes provienen de países de la parte sur del continente, son vecinos, y de Asia.

El término crisis genera varias reacciones dependiendo del apellido que acompañe a esta palabra. En el caso de la crisis migratoria es un poco más complejo, ya que se integran varios factores como el humanitario, el legal y el político, y por lo tanto, los actores y el contexto generan posiciones en la ciudadanía a veces irreconciliables.

La empatía es esa capacidad que busca posicionarnos en el lugar de otro y tratar de equiparar las sensaciones que tendría si estuviese en el lugar de esa otra persona. La otredad como construcción es un proceso individual y social que requiere del conocimiento de la propia existencia. El conflicto que se da en este reconocimiento del yo y del otro es que son incluyentes y excluyentes al mismo tiempo. No puede haber otro si no hay yo primero y viceversa. Siguiendo esta lógica, el desconocer lo que vive ese otro y el no reconocer esa situación o tratar de posicionar la empatía es también un desconocimiento de una propia realidad y la incapacidad de proyectar lo propio a ese otro que podría ser yo.

La inclusión de la empatía como valor guía de las políticas no es viable debido a lo complejo que es integrar la subjetividad dentro de una herramienta que busca estandarizar para poder generar la mayor eficacia en los objetivos de la política pública, por lo tanto, querer generar políticas empáticas no es factible desde la visión actual para la situación de los migrantes en Chile en este momento. Pero es posible empezar a cuestionarnos al menos sobre cómo debemos entender nuestra sociedad y los valores que queremos promover para las generaciones futuras y las actuales.

Desde el Trabajo Social, la preocupación y trabajo con los que han sido vulnerados en sus derechos humanos e integridad es una máxima que siempre lidera y guía el actuar ético de las y los trabajadores sociales. Las labores socioeducativas, la conformación y activación de redes, en conjunto con el trabajo institucional de adecuación de las exigencias de las políticas públicas, es un campo de acción que se articula con la población migrante.

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