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Opinión

Un minuto de silencio


 Por Alejandro Mege Valdebenito

ALEJANDRO-MEGE

“Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta; porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti”.
John Donne

El minuto de silencio está considerado como una expresión de luto y condolencia, un gesto de respeto, recuerdo u homenaje a una persona recientemente fallecida o a la conmemoración de un acontecimiento triste o trágico, más cuando es la consecuencia de conflictos bélicos, de un accidente, de una acción delincuencial, por la violencia irracional o por un crimen alevoso. Guardar un minuto de silencio ante una situación como esas, estas o aquellas, tiene un sentido simbólico que no es baladí y que para algunos resultan solemnes e infinitos, es adentrarse por breves instantes en uno mismo y reflexionar sobre la propia vida y la vida de las personas o de los hechos que se recuerda. Guardar un minuto de silencio es trascender al odio, la violencia y la miseria humana, es sentirse en paz y unido con quienes sienten el dolor ante la pérdida sin razón y sin sentido de un ser querido, conocido o por el solo hecho de formar parte de la comunidad humana, comprometiéndose con uno mismo para hacer lo que esté a nuestro alcance para evitar que el hombre que no sabe de misericordia continúe siendo el lobo de su propio hermano. Es rendir honor y justicia a quien se lo merece por el solo hecho de ser parte de la humanidad, más allá de la religión o la política, de la condición social, o de los bienes que posea. Es el recuerdo que perdura más allá de la vida y que se prolonga en el espacio y en el tiempo como un ejemplo de que la vida no puede ser sacrificada por el rencor, el odio o la venganza que, junto con quitar la vida, destruyen el producto de toda una esforzada y laboriosa existencia sostén de la vida de quienes sufren la pérdida del ser querido a quien se ha privado de la vida sin remordimiento. Es un acto de piedad y constricción que, junto con pedir perdón por las víctimas y sus familiares nos lleva a meditar por el tipo de sociedad que estamos construyendo, y cuyo legado lo heredarán nuestros hijos y sus hijos.
La negativa a que se realizara un minuto de silencio, como ocurrió en la sesión número 27 de la Convención Constitucional, por parte de la presidenta de la entidad cuando le fuera solicitada por una de las convencionales por las dos personas que fueron muertas en una acción criminal por parte de grupos de los “desconocidos” de siempre, que siembran el miedo, la destrucción y la muerte, cualquiera que fueran las razones que tuviera, resulta ser no solo una actitud discriminatoria sino que de falta absoluta de sentimientos de solidaridad y de humanidad compartida. Parecía que era mucho tiempo perdido dedicar un minuto de recuerdo por las víctimas de los crímenes cometidos. ¿Acaso no se han desperdiciado cientos de minutos en descalificaciones y discusiones estériles? ¿Cuál es el mensaje que se emite desde la Convención que elabora la propuesta de una Nueva Constitución, cuando los robos, los incendios, el pillaje y los asesinatos sin misericordia cometidos por grupos poco menos que militarizados asolan La Araucanía? ¿Tan poco valor tiene la vida humana? ¿O es que lo que ocurre no es una realidad que afecta lo que en la Convención Constitucional se quiere construir: una sociedad más justa y equitativa, más fraternal y solidaria? Distinta fue la actitud del Parlamento que, aún con toda la diversidad de ideologías y de credos de quienes lo componen, tuvo la capacidad de subordinar sus naturales diferencias frente a una situación tan humana, lamentable y dramática como la ocurrida, rindiendo el justo, caritativo y solidario minuto de silencio.
La comunidad nacional ha puesto sus mejores sueños en la Nueva Constitución; creemos en ella como el camino más adecuado para construir una sociedad más justa, donde nos sintamos todos hermanos responsables actores de un mejor futuro.
Los convencionales constituyentes deben estar a la altura de esa gran responsabilidad, especialmente quienes la dirigen y, en su momento, serán reconocidos y recordados con un merecido homenaje y un respetuoso minuto de silencio.

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