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Opinión

Didáctica educativa en tiempos excepcionales


 Por Dr. Gonzalo Aguayo Cisternas Dpto. Didáctica, director Magíster, Escuela de Educación Universidad de Concepción Campus Los Ángeles

Incertidumbre, encierro, dolor por la partida de seres queridos y cercanos sin poder acompañarlos en esas duras circunstancias y agobio, esto último agudizado en esta excepcional era de la historia humana en la que nos encontramos, que tan bien ha descrito el filósofo coreano Byung Chul-Han en ‘La sociedad del cansancio’; todo ello es parte de nuestro diario vivir actual.

Por otro lado, el desafío que puso la pandemia a las/los docentes por delante fue inmenso. El aula virtual, apenas unos meses antes de la hecatombe, se bosquejaba como una posibilidad cierta, pero futura. Hace año y medio es la realidad que nos gobierna, y a la cual fuimos arrojados sin piedad, con el alma en un hilo y con lo puesto: alguna camisa formal y chaqueta, total el pijama/pantalón y las pantuflas no se alcanzan a ver en la limitada visión de la pantalla. Nuestro bienestar emocional y familiar, que guardábamos con celo en la jornada habitual, se mezcló con contenidos, pantallas negras con iniciales y alguna voz remota desde el más allá; horarios locos, objetivos priorizados y un largo etcétera e hizo difícil la línea divisoria entre lo íntimo y lo público.

Bajo esa presión, cabía preguntarse ¿qué ocurre si ese presente de kháos -según su etimología griega que habla de un abismo oscuro-, que nos exigía el mismo rendimiento de siempre a todas y todos: docentes y estudiantes, que en tiempos ‘normales’ (a saber si con los problemas del mundo todavía lo podemos llamar así), lo transformamos en khatarsis -también del griego, y que significa purificación, liberación de las emociones-? ¿cómo transformar una clase de contenidos prototípica y fría acerca de cómo abordar y entender los textos para estudiantes de Educación General Básica en una oportunidad para captar el sentido de lo que estábamos experimentando y, a su vez, sufriendo?

La introducción del ‘Decamerón’ de Boccaccio, aquella vieja lectura de pregrado, dio con la tecla. Ese cuadro horroroso de las consecuencias de la peste negra en la Edad Media demuestra que la historia no es tan solo una línea continua, sino un espiral en la cual puede verse el inicio y final sin avanzar y perder la vista del punto de inicio -el pasado nunca se ha ido vociferaba Faulkner-. Literatura e historia en un trozo de papel (virtual ahora, por cierto), un par de adaptaciones y a transformar ese desasosiego en letras. Así nació ‘Coronavirus en 100 palabras’, y pude conocer de cerca, bajo el formato más conocido en la actualidad para concursos de cuentos, relatos que me permitieron ver de cerca las emociones revueltas y compungidas de las almas juveniles e identificarme plenamente con ellas. No fue lo único. Para los amantes de la historia, nacieron cápsulas educativas para explicar este momento a los estudiantes del futuro; no solo la pandemia, sino las decisiones de los gobernantes, sus aciertos y desaciertos, la épica del personal de salud y la miseria del egoísmo humano, comportamientos extremos que, por ejemplo, tan bien visualiza Saramago en su ‘Ensayo sobre la ceguera’, otro relato sobre pestes masivas. ¿El modelo? Un video viral por las redes de un docente de historia que explica una epidemia en tiempos del Imperio romano. Total, como dice el mantra, nuestras/os jóvenes no viven con la tecnología, como nosotros, los nacidos en la cultura analógica, sino en la tecnología. La clave es usarla con sentido pedagógico, como todo en nuestro quehacer docente.

Dr. Gonzalo Aguayo Cisternas

Dpto. Didáctica, director Magíster, Escuela de Educación

Universidad de Concepción Campus Los Ángeles

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