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Opinión

Chile tiene una deuda


 Por Prof. Juan Manuel Bustamante Michel Presidente de la AFDEM Los Ángeles

Profesor Juan Bustamante M.

Chile tiene una deuda, y una deuda vergonzosa con sus maestros, misma que se ha extendido por cuarenta años a la fecha y sin que gobierno alguno se haya dignado resolverla en favor de quienes son los agraviados. Recuérdese nada más que con motivo del traspaso de los establecimientos educacionales a las municipalidades –entidades inexpertas, hasta ahora, en gestión de sistemas educativos–, los profesores, a causa de una discriminatoria decisión de los alcaldes designados de la época (la democracia representativa no existía), dejaron de percibir el reajuste de remuneraciones del 90% otorgado a (todos) los funcionarios del Estado sin excepción alguna, por medio del D.L. 3.551, ello, en la creencia –pauteada, qué duda cabe– de que los docentes habían perdido su calidad de trabajadores públicos a causa de un proceso (y eso es claro también) que no tuvo otro fin que la desarticulación vertical y a ultranza del poder sindical de los profesores y asistentes de la educación reunidos en el Sindicato Único de Trabajadores de la Educación (SUTE) existente en esos años.
La deuda en comento –la deuda de Chile con sus maestros (que hoy afecta a cerca de 60.000 docentes de los 80.000 que eran, porque para economía del Estado ya se han muerto alrededor de 20.000 de ellos)– ha sido reconocida en nuestro medio tanto por el Poder Ejecutivo como por los Poderes Legislativo y Judicial, respectivamente, pero también por organismos políticos y judiciales internacionales, llegando, incluso, a la evacuación de informes y recomendaciones en el sentido de que tal impronta debía ser resuelta y de una manera lo más digna posible para cada uno de los afectados.
Sugerencias, desde luego, que no se han cumplido jamás, y por una razón muy sencilla de entender: “los profesores afectados por esta deuda no constituyen, pero en modo alguno, una prioridad para nadie”, porque en los hechos sus problemas y, por lo tanto, sus demandas, normalmente son relegadas, y de manera perversa, a segundos, terceros, cuartos y hasta enésimos planos por razones y necesidad nadie sabe de quién. Falta de rigor a la que no están ajenos –y esto, se quiera que no, así de claro– ni siquiera los dirigentes del Colegio de Profesores de Chile, cuya gestión al respecto ha resultado ser a todas luces nula, atendida la solución final esperada.
Sobre esto último, llama poderosamente la atención –por particular y curiosa– la afirmación que dice: “estuvimos ‘a punto de lograrlo’, colegas”, como si el problema de la Deuda Histórica hubiese sido resuelto para siempre en beneficio de los requirentes. Así como igualmente llama la atención la expresión: “una reparación digna a la Deuda Histórica”, tal que el daño causado desde entonces no hubiera sido lo suficientemente poderoso para quienes han debido vivirlo en su día a día durante las aludidas cuatro décadas.
Del mismo modo llama la atención la atenuación que declara: “hemos solicitado un mejoramiento a las pensiones y un bono pagadero por una sola vez”, sin especificar montos, olvidando que para dar lugar a una eficaz negociación se requieren propuestas muy concretas de los incumbentes concertados con el fin de que se pueda acceder a un término medio que implique, al cabo, una justa solución.
Ante todo esto, ante este hecho que constituye una vergüenza nacional e internacional, es de suyo evidente que se necesita contar con una Asociación de Profesores Jubilados de Chile (Aprojuch) –y un registro único de socios– que se haga cargo de la diversidad de problemas que afectan a este segmento profesional, entre los cuales está, desde luego, y con carácter de prioritaria, la mentada Deuda Histórica, generadora –como es de suyo sabido– de tantos dolores, desesperanzas y frustraciones para muchísimos maestros. Una Aprojuch que sea cobijo de la diversidad: “acogedora, plural, inclusiva y democrática; que en los hechos prescinda de todo lo que pudiera acabar con las esperanzas de sus asociados”.

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