suscríbete al boletín diario

Opinión

Un tanto más acerca de quiénes somos


 Por Prof. Juan Manuel Bustamante Michel, Presidente de la AFDEM Los Ángeles

Profesor Juan Bustamante M.

Cuando hablamos de la profesión docente, que en su ejercicio, además de arte (puesto que conlleva procesos cotidianos de creación), es ciencia (en atención a que tiene su propio objeto de estudio, como es el sujeto en situación de aprendizaje), facultad (puesto que constituye autoridad pedagógica, y acción y efecto de profesar con el soporte de una rigurosa formación académica desde una diversidad de cuerpos de conocimientos concurrentes) y práctica (porque genera, sistematiza y transversaliza conocimientos), no hacemos otra cosa que referirnos a esta sin cuyos aportes y participación ninguna otra sería posible; a esta que inobjetablemente contribuye –proporcionando las bases indispensables para ello desde la educación escolar (es decir, inicial, básica, media y especial)– a la formación del capital humano que toda sociedad requiere para sustentarse, desarrollarse y renovarse en un continuum sin fin –a menos que la humanidad (que todo puede ser posible en este mundo) desapareciese–; a esta, en fin, que favorece la movilidad social de todas las personas en pro de que alcancen mejores condiciones de vida para sí mismos, sus familias y entorno.

En tal sentido, bueno es tener en cuenta que en general los enseñantes, según asuman el Acto Educativo (o también Acto Docente o Acto Pedagógico) –ese que en su tercera dimensión de cuatro (como es la enseñanza interactiva o áulica) y que en palabras del Dr. Lee Shulman (un reconocido psicólogo educacional y académico de la Universidad de Stanford) es “la actividad más compleja, más desafiante y más exigente, sutil, llena de matices y temible que nuestra especie jamás haya creado, semejante, como ha sostenido, a la que un médico podría encontrar en una sala de urgencias de un hospital durante o después de un desastre natural”– pueden alcanzar distintos estereotipos docentes; todos determinados, como es de entender –y eso sin duda alguna–, por los estilos de liderazgo que los equipos directivos (directores e inspectores generales) y técnico-pedagógicos (jefes técnicos y sus equipos especializados de apoyo) ejercen en sus respectivos establecimientos educacionales. Tipologizaciones que, según el caso, podrían ser útiles, unas, o nocivas, las otras, si se trata, por ejemplo, de igualdad de oportunidades y excelencia educativa para los estudiantes más carenciados.

Ahora bien, si nos hacemos cargo de la propuesta de Connelli y Elbaz, y de manera muy simplificada, por cierto, es posible observar que los enseñantes  pueden llegar a ser, yendo de menos a más –o, lo que es igual, desde la tipología más negativa a la más positiva–: 1) docentes ejecutores, es decir, que ven a los educandos como objetos de la educación (y particularmente de sus acciones) más que como sujetos de la misma, toda vez que hacen de los programas de estudio un fin en sí mismos y de los materiales de apoyo (los textos escolares, en este caso) su material de trabajo por excelencia; 2) docentes implementadores, que profundizan en los procesos de diagnosis y prognosis sin perjuicio de entenderlos como tareas administrativas desligadas del educando y su integralidad, del mismo modo que las enseñanzas antepre, pre, intra y postáulicas, como unos espacios abiertos a la uniformidad, en desmedro de esa rica diversidad que cohabita en el salón de clases; y 3) docentes agentes curriculares, los cuales asumen que los educandos son el centro del quehacer pedagógico, la razón de ser de la institución escolar, y para quienes los planes y programas de estudio son nada más que un medio al servicio del desarrollo integral de todos los sujetos en situación de aprendizaje.

Finalmente, dicho lo anterior, pensando en la calidad de la enseñanza y de los aprendizajes de los estudiantes, ¿tendrá clara idea la autoridad acerca de los tipos docentes predominantes en los colegios de que se trate? Creo que no.

Especial Coronavirus

  • Compartir:

opinión

lo más leído

logo-ediciones-anterioes