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Opinión

La recuperación en K


 Por René Luis Núñez Ávila. Profesor de Derecho Procesal. Universidad de Chile

Rene Nuñez

Yuval Noah Harari, el gran historiador de moda, nos señala que los humanos somos mucho más fuertes de lo que éramos en los siglos XIV y XVI. Basta incluso ver cómo reaccionamos estos dos años de pandemia y compararlo con la peste negra para ver las diferencias. Los mejores científicos fallaron, las medidas para contrarrestarla fueron inútiles y los intentos para desarrollar una vacuna también. La consecuencia, entre 50 y 100 millones de personas murieron.

Con el Covid-19 en dos semanas fue identificado correctamente el virus responsable, secuenciaron su genoma completo y publicaron la información en línea. En unos meses se tomaron contramedidas que podrían ralentizar y detener las cadenas de infección, y, en menos de un año varias vacunas efectivas estaban produciéndose a gran escala.

Para él, si hubo tanta muerte y sufrimiento fue culpa de las malas decisiones políticas.  Los científicos dieron las herramientas para parar las epidemias, pero son los políticos quienes toman las decisiones sobre cómo usarlas. No hubo un esfuerzo coordinado para limitar la propagación de la pandemia.

Pasados los meses, existe clara conciencia de invertir más en los sistemas de salud pública y crear un poderoso sistema global para monitorear y prevenir pandemias mundiales. Pudimos ver como el Estado y empresas privadas trabajan unidas por el logro de vacunas, desde Universidades a Centros Estatales chinos y rusos.

El gran problema que estamos viviendo ahora es la recuperación económica. Para Harari será en forma de K. Es decir, a algunos les irá muy bien y a otros muy mal. Algunas regiones, países e industrias se recuperarán y, por el contrario, otros colapsarán totalmente, lo cual implicará un aumento de la desigualdad en el mundo. Esta amenaza -nos dice-, es particularmente grave para los países en vías de desarrollo. Si él reflexiona así a nivel mundial, a nivel nacional, puede pasar lo mismo.

Entonces, la reflexión es donde nos situaremos finalmente. Ahí hay sentimientos de esperanza y también de mucha amargura, frustración, hastío y desesperación. Las ayudas estatales, el precio del cobre, el correcto proceso de vacunación, el acelerado proceso de digitalización, la deteriorada salud mental de todos, y, la mala o buena política, serán, entre otros, factores claves en inclinar la balanza hacia arriba o hacia abajo de la letra K. Si ya vivimos en un país desigual, dependerá del esfuerzo de todos el cómo saldremos de esta crisis.  Vivimos momentos de agotamiento y mucho dolor, pero pienso que una mirada solidaria y de bien común es la única manera posible y razonable para que un país como Chile, salga adelante.

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