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Opinión

Dietas milagrosas


 Por Vanhy Cheúl Pinar Nutricionista - Mg. en Salud Pública y Planificación Sanitaria Cesfam Dos de Septiembre

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Las dietas se pueden realizar por distintas razones, una de ellas corresponde a una necesidad de la persona por cursar con alguna enfermedad que impida el consumo de un régimen común, esto quiere decir que según la condición de salud que cursemos, ya sea de forma aguda o crónica, el consumo alimentario habitual que llevamos en nuestros hogares podría requerir ser modificado en consistencia, digestibilidad, en contenido nutricional, horario alimentario y/o porcionamiento. Por otra parte, están las personas que no cursan con enfermedades y que deciden realizar dietas; su motivación puede ser por mantener una buena salud, por modificar aspectos corporales, por empatía con los animales como las dietas vegetarianas, entre otras, pudiendo motivarnos una razón o varias en conjunto.

Lamentablemente en los medios de comunicación se promueven diversas dietas que prometen resultados milagrosos, entre las más populares se encuentran aquellas que aseguran importantes pérdidas de peso en un corto periodo de tiempo; básicamente eso es lo que llama la atención y lo que buscan también las personas; cambios rápidos y ojalá con el menor esfuerzo posible. Esta búsqueda es totalmente comprensible, ya que a lo largo de nuestra vida hemos instaurado hábitos alimentarios que están muy arraigados y que finalmente nos define como personas; la comida no solo nos alimenta, también lo utilizamos como un vínculo social, afectivo y modificar estos hábitos no es para nada una tarea fácil.

Es importante señalar que cuando uno sigue una dieta, por ejemplo, aquellas para bajar de peso, sin asesoría profesional, es probable que exista una baja de peso inicial, pero no debemos olvidar que estas dietas no consideran efectos secundarios producto de las restricciones o excesos alimentarios que se produzcan. Las consecuencias en salud son diversas y dependerá del nutriente que estemos limitando o excediendo, como también se pueden dar ambas situaciones en conjunto pudiendo acrecentar efectos negativos en la salud. Un ejemplo restrictivo muy común es cuando dejamos de lado los alimentos ricos en carbohidratos; si una persona elimina este macronutriente de forma estricta, significa que no está consumiendo ningún alimento perteneciente al grupo de los cereales; nada de pan, arroz, fideos, papas, avena, maíz, tampoco podría consumir legumbres, ni frutas, ni lácteos, inclusive algunas verduras quedarían también eliminadas de la dieta, como las alcachofas, las betarragas y las zanahorias; este nutriente que estamos ejemplificando, juega un rol muy importante en la obtención de energía para el desarrollo de funciones vitales y básicas del día a día; si lo elimino, utilizaré otros nutrientes para suplir este déficit (proteínas y lípidos) y estos a su vez no podrán cumplir otras importantes funciones en nuestro organismo; ahora bien, con esto no quiero decir que restringir alimentos ricos en carbohidratos sea malo, sino aclarar que la restricción desmesurada no selectiva tiene consecuencias.

Tal es el caso de la ex modelo Roxana Muñoz y su polémica promoción del water fasting, que involucra un ayuno de nada menos que de 21 días; una conducta claramente peligrosa que entre otras varias consecuencias podría desembocar en un paro cardiorrespiratorio. Independiente de las declaraciones de la modelo, su condición de salud no se define por su sensación de bienestar, ya que la mayoría de las enfermedades tienen un inicio peligrosamente silencioso. Afortunadamente la multa por parte de la Seremi de Salud servirá de precedente en el futuro para que personas inescrupulosas lo piensen dos veces antes de indicar dietas milagrosas carentes de evidencia y sin contar con la formación profesional debida.

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