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Opinión

Las buenas y las malas noticias


 Por Alejandro Mege Valdebenito.

ALEJANDRO-MEGE

Todos esperamos que sean las buenas noticias (las buenas nuevas del Evangelio) las que predominen en nuestras vidas personales y familiares, para nuestra ciudad, la provincia y más allá de ella,  como ha sido el reconocimiento de los recursos asignados por el gobierno para la construcción del nuevo estadio, celebrado transversalmente por todos los sectores, proyecto que hicieron suyos los distintos medios de comunicación, los diferentes gremios, distintas personas e instituciones de todo tipo, así como la mayoría de los representantes políticos por ser una obra que representa la sentida aspiración de la comunidad, que aporta a los ciudadanos no solo un espacio donde tendrán cabida una serie de actividades deportivas, de recreación y esparcimiento, también será un ejemplo  de crecimiento y desarrollo para la ciudad, iniciativa de la que  hicieron causa común  con el decidido compromiso de la autoridad municipal y el respaldo del concejo municipal, donde sus integrantes, por sobre las legítimas diferencias que tienen sobre la gestión pública-política, tuvieron una sola voz y las palabras el mismo significado, demostrando que sí es posible ponerse de acuerdo cuando el bien común deja de ser solo un eslogan y, si bien al respecto hubo gestiones de unos más que de otros por la representación pública y política que asumen, nadie  podría atribuirse a sí mismo la exclusividad de su resultado.

Otras buenas noticias son las que tienen que ver con el mejoramiento en el área de la salud, la construcción, el transporte terrestre y  la habilitación para vuelos comerciales del aeródromo María Dolores;  mejores comunicaciones, el avance paso a paso en el combate contra el coronavirus y todas aquellas acciones relacionadas con hacer más amable, solidaria y justa  la calidad de vida, obras y actividades  que por lo mismo deben contar siempre con el apoyo decidido e incondicional de la ciudadanía no solo para que las obras  se levanten, también para hacer que se escuche su voz y se manifiesten en acciones concretas en la defensa, el cuidado y  preservación de todo cuanto signifique un aporte para el crecimiento  de la comuna y el bienestar de todos sus  habitantes.

Sin embargo, las malas noticias aquellas que informan de las acciones vandálicas de los enemigos de la sociedad, que hacen daño, que destruyen  el patrimonio cultural y natural, que sin misericordia hacen humo y cenizas las iglesias, que materializan su resentimiento contra quienes quieren estudiar, saqueando y destruyendo 129 escuelas y jardines infantiles desde el 18 de octubre de 2019, como si los párvulos y niños les hubieran causado algún daño, dejando a muchos jefes de hogar  sin fuentes de un  trabajo honesto y  sin los recursos para atender las necesidades de sus familias; que rebajan la condición humana, que causan dolor y muertes con acciones insanas y criminales, sin que exista una explicación racional, que no sea la ceguera producto del resentimiento y el odio, que justifique que la construcción de una sociedad  que imaginan distinta se logre haciendo arder no solo los bienes de muchos de nuestros compatriotas, también quitando alevosamente sus vidas, ocultándose en el anonimato o escudándose en los derechos humanos cuando logran ser identificados, los mismos derechos que se le niegan a las víctimas, afectadas material y sicológicamente, heridas, mutiladas  o muertas como si no fueran también  seres humanos. Súmese a eso el acto terrorista de envenenamiento de plantaciones frutales.

Quienes generan las malas noticias, una especie de jinetes del apocalipsis, son personas que  circulan cada día entre nosotros, que se mimetizan como ciudadanos, que tienen  esposas e hijos, cuyos miembros de su familia también asisten a alguna iglesia o estudian en una escuela, tal vez las que incendiaron; que compran – cuando no lo roban- en el mismo supermercado o en la farmacia que saquearon y que viven en la misma sociedad que  destruyen  sin el menor remordimiento y, por qué no, orgullosos  de sus malvadas acciones.

Millones de honestos y conscientes ciudadanos, cuando se han pronunciado masivamente por estudiar una Nueva Constitución, tiene la oportunidad histórica de rediseñar unidos una nueva Carta Fundamental para construir una sociedad mejor y un país donde reine la justicia y la paz, donde no se confunda el derecho a la libertad de expresión con el vandalismo que hiere el alma de la Patria.

Especial Coronavirus

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