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Opinión

Redes sociales y el dilema de ser un buen ciudadano


 Por Coronel Luis Rozas Mardones, prefecto de Carabineros de Bío Bío.

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Sin duda alguna, los últimos doce meses en nuestro país, han sido una gran montaña rusa, cargada de bruscos cambios de dirección, subidas y bajadas, que no han hecho otra cosa que remecer a la opinión pública, generando opiniones fundadas e infundadas, en temáticas contingentes, afectando positiva y negativamente a las personas, a los grupos y a las Instituciones.

Hoy, nos encontramos en un mundo digital, donde la información al igual que el agua de nuestros ríos, fluye por todos lados, miles de opiniones en torno al mismo hecho, pero eso, también torna el conocimiento como una herramienta peligrosa, ya que el acceso a la información, puede generar todo lo opuesto.

Fuentes abiertas, donde encuentro los más variados antecedentes de “algo”, redes sociales, donde hay “opinantes”, por millares, generan que nuestra ciudadanía adopte una postura sobre un tema, pero que al profundizar, tiene sólo el sustento de “un like”, o la potencia cognitiva de decir, “es que lo publicaron en esta red social”.

Facebook, Instagram, Twitter, Whatsapp, Tik tok, entre otros y el propio internet, en tiempos de pandemia, se han transformado en los olvidados libros, han desplazado por su rapidez y sensacionalismo, a la lectura y a la propia instrucción.

En diversos lugares, ambientes y niveles, uno quisiera encontrarse con debates de verdad, con fundamentos más potentes que un pulgar hacia arriba y con una guerra de ideas, donde los únicos perdedores sean los que no leen y los ganadores, son aquellos que aprenden cosas nuevas, cuando dialogan apasionadamente, defendiendo su “like”, en base a lo que “alguien” publicó, tomando como verdad absoluta una simple opinión o idea personal, válida como relato, pero infundada muchas veces.

Entonces, si por un lado la velocidad vertiginosa de las comunicaciones, que bien usadas, las redes sociales, pueden ser verdaderos aportes en la toma de decisiones, personales, grupales o corporativas, debiéramos igualmente ser críticos con lo que ahí encontramos, premiando los buenos aportes y castigando, a aquellos, que sólo buscan figurar y desinformar, aportando negativamente a la paz social y a la seguridad ciudadana, generando muchas veces alarma pública o angustia donde, en realidad, no la hay.

Muchos de los “opinantes”, escudados bajo pseudónimos y cuentas falsas, dejan ver su ira ante la injusticia y su desprecio ante la mentira y las Instituciones, pero que en verdad, bajo toda esa armadura digital, encubren a seres de bajo valor, solitarios, carentes de afectos y que al igual que muchos, basan su postura ideológica, en bases débiles arraigadas a un “posteo”, “retwitteo”, o la suma de varios “like”, de gente que ni conocen y que sólo siembran ignorancia.

Entonces, en tiempo de decisiones, donde se imponen modas, posturas y ciertos discursos populares, que han sido difundidos por las bien creadas, pero mal usadas redes sociales, hay que hacer la diferencia y nutrirse de ideas frescas, leer fuentes abiertas serias, con bases y conocimientos comprobables, para que cuando nos encontremos con estos seres, bajos en aportes, pero altos en difusión pobre de información, seamos capaces de rebatirlos, con fundamentos de conocimiento real y no con simples textos de 40 caracteres o frases cortas, de baja aplicación intelectual.

Con esto, no quiero parecer ni sonar en contra de las redes sociales, todo lo contrario;, soy un convencido del gran aporte y utilidad que ellas hacen a la vida cotidiana, pero abogo, porque éstas sean bien usadas como herramienta y no como un arma para atacar a las personas, para afectar intereses o para orientar opiniones, en base a lo que “alguien”, puede pensar en torno a “algo”, sin que medie un sustento bibliográfico o conocimiento real y duro sobre un tema.

Les dejo esa reflexión, ya que una red social mal usada, puede destruir la vida de una persona. Las palabras pueden ser armas, si se usan con odio, negatividad e ignorancia. En tiempos de confinamiento, donde lo asincrónico y digital, ha adquirido gran preponderancia, usemos esos recursos de manera positiva, buscando ser el buen ciudadano que anhelamos en otros y la buena persona que creemos ser.

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