suscríbete al boletín diario

Opinión

Camino hacia la digitalización del mercado de las remesas


 Por Tomás Bercovich, co-fundador y CEO de Global66.com.

Tomas Bercovich

Las remesas son el dinero que trabajadores envían a sus naciones de origen para satisfacer las necesidades económicas de sus familias. El Banco Mundial estimó que el flujo de remesas mundial alcanzó en 2019 los USD 554.000 millones, y los cinco principales países receptores o destinos de remesas fueron la India (USD 83,1 mil millones), China (USD 68,4 mil millones), México (USD 38,5 mil millones), Filipinas (USD 35,2 mil millones) y Egipto (USD 26,8 mil millones).

En el plano regional, se estima que en Latinoamérica esta pujante industria de las remesas está creciendo con tasas cercanas al 10% al año. Según resultados preliminares del Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos (Cemla), los ingresos por remesas en Latinoamérica y el Caribe superaron los USD 93.000 millones el año pasado. La región acumula aumentos en la recepción de remesas durante diez años consecutivos.

Los países que recibieron más remesas fueron México (USD 36.000 millones); Guatemala (USD 10.508 millones) y República Dominicana (USD 7.087 millones). En Sudamérica se destaca Colombia, que alcanzó una cifra récord de USD 6.773 millones.

En Chile, de acuerdo a actores de este sector, más de USD 2 billones se mueven anualmente en transferencias que realizan personas naturales. Habitualmente, los migrantes recurrían a agencias físicas sagradamente cada quince días, una vez a la semana o mensualmente para enviar sus aportes económicos. Antes de la crisis sanitaria era normal ver grandes aglomeraciones fuera de estas oficinas de remesas en aquellas comunas como Santiago o Estación Central donde viven más inmigrantes.

Hasta hace poco se seguían viendo estas postales, pero esta vez los usuarios portaban mascarillas e intentaban a duras penas mantener más de un metro de distancia entre uno y otro.

Se trata de un mercado destinado a evolucionar en sintonía con una sociedad cada vez más digital que no necesita de trámites presenciales, que por lo demás exponen la salud humana a eventuales contagios por Covid-19. Esta es una de las razones que empujan un cambio de paradigma en el servicio. La otra tiene que ver con su costo. Hoy, las empresas que también mandan dinero al extranjero necesitan más que nunca bajar sus gastos operacionales para subsistir a la crisis sanitaria. Generalmente, realizan estas transacciones a través de un banco que tiene un precio bastante elevado, ya que se paga un Swift que puede llegar hasta los USD 70, independiente del monto que se envíe (sistema permite a los bancos el intercambio de datos sobre las transferencias, el estado de la cuenta, entre otros) y un spread (valor del tipo de cambio). Las grandes compañías pueden negociar el tipo de cambio con las mesas de dinero de los bancos, mientras que las de menor tamaño no tienen esa alternativa y, además, tienen que firmar papeles y por lo general es un proceso bien engorroso.

Claramente, a raíz de la pandemia que vivimos tanto empresas como personas han tenido que buscar alternativas online o sin contacto físico para realizar estas operaciones monetarias, por lo que la tecnología e innovación han sido aliados fundamentales a la hora de democratizar el acceso a estos trámites vitales para la subsistencia de sus negocios o emprendimientos y familias, respectivamente. Se proyecta que en poco tiempo más las remesas digitales tomarán un rol protagónico para sus usuarios y para la economía del país pues las ventajas comparativas de esta nueva modalidad, esto es, costos, rapidez y simpleza determinarán el dinamismo de las transacciones del siglo XXI.

Especial Coronavirus

  • Compartir:

opinión

lo más leído

logo-ediciones-anterioes